El compromiso: construir un país nuevo y democrático

Posted on octubre 27, 2005


 

En el supuesto no consentido que “vivimos en democracia” todos tenemos derecho a opinar, al margen de nuestra preparación académica, profesión, fe religiosa, sexo, etc. Más aún cuando se trata de nuestro propio futuro. Futuro que desde siempre ha estado ligado a los manejos de quienes ocuparon el poder, al menos el poder nominal, en el palacio de gobierno. Y decimos nominal, pues sabemos bien que usualmente representa a otras manos ocultas: grupos económicos que manejan el país, a su entero beneficio.

 

Pero volviendo al tema, nuestro derecho innegable a trazar el camino que queremos tomar, es algo que debemos defender a capa y espada.

 

Los “padres de la patria”, parapetados en el congreso, se oponen rotundamente. No decimos irresponsablemente, pues bien sabemos que son bien responsables de cumplir lo que sus partidos les dictan, que a su vez, no son sino la mano visible de los grupos de poder económico que no quieren dar su brazo a torcer. Y en esto queremos ser enfáticos: los partidos políticos no son entes estratosféricos, surgidos de la nada, independientes por sí y ante sí. Esa es la mentira con la que nos marean. Ellos son, repetimos, sólo la máscara con que los “eternos dueños del país” se presentan. De allí la oposición de esos partidos “democráticos” a una consulta popular que haga realidad una Asamblea Constituyente que les pudiera quitar sus privilegios, sus posibilidades de manejo del Estado, en fin, de seguir siendo dueños del país. Y se entiende entonces, fácilmente, la respuesta que diera el Tribunal Supremo Electoral, en tanto sus miembros también responden a los intereses de los partidos tradicionales. Se oye el rugido del “perro con hambre”, denostando contra todo aquel que apoye la Asamblea Constituyente. Y los sinvergüenzas del Congreso se rasgan las vestiduras “sufriendo” por la democracia burlada. ¡Ya quisieran esas conchas los cangrejos!

 

Ahora bien. Si se trata de decidir un camino hacia el futuro, es justo esperar que la sociedad en general debata el asunto, lo cual pone en el tapete nuestra entera obligación (de todos  y cada uno de los ciudadanos de este sufrido país) a adoptar una posición activa y participativa en el devenir político actual.  La opinión ciudadana debe salir de la reflexión y discusión en los barrios, en las Asambleas Populares, en los gremios, en las fábricas. La posición expectante que acostumbramos a tomar, debe ser sepultada por la acción. No hay otra manera para que el país realmente cambie. Este es uno de los puntos más difíciles de realizar, dada la larga tradición de sujetos pasivos que tenemos los ecuatorianos, sufridores como somos, y defraudados tantas veces. Pero por eso mismo, sólo podemos garantizar que no vuelvan a jugar con nuestras esperanzas, siendo actores de la realidad.

 

Sí, Asamblea Constituyente o Constitucional es un debate que aleja nuestra reflexión de lo verdaderamente importante. Nuestra Constitución establece derechos, igualdades, esperanzas: pero cuando se trata de llevarlos a la práctica, surgen las reales dificultades. Si chocan contra los intereses de los grupos económicos que detentan el poder efectivo, son letra muerta. Sin querer negar que la Constitución puede y debe ser perfeccionada, nada sacamos con que se re-escriba un documento, si el país sigue expulsando compatriotas porque no se les brinda garantía de trabajo digno y bien pagado con el que puedan a su vez sustentar a sus familias. No solo es asunto de leyes el que año tras año miles de niños y jóvenes no logren ingresar a escuelas y colegios porque sus míseras economías no lo permiten.

 

Los cambios que deseamos todos en este Ecuador 2005, no son sólo de leyes, sino sobre todo de la forma como está estructurado el poder político; cambios en el manejo de los dineros del Estado que son nuestros; que se preocupe por la situación de millones de ecuatorianos que viven en la pobreza. Queremos que se ponga todo el empeño en hacer respetar nuestra soberanía y nuestras riquezas arrebatadas por las transnacionales del imperio. Anhelamos un país que respete a sus individuos, al margen de su color de piel, o su opción sexual. Donde los niños, niñas y adolescentes no sean carne de explotación de unos miserables ambiciosos.

 

De tal manera que, la sociedad entera deberá participar no sólo en decidir una Asamblea Constituyente, sino, sobre todo, vigilar porque se cumpla con lo que se estructure en ella, a largo plazo. Ese es el camino.

 

¡Tantos derechos escritos, reafirmados, pero que no son llevados a la realidad! Eso es lo que buscamos al gritar “fuera todos”.

 

Apoyamos la Asamblea Constituyente. Pero sobre todo soñamos con un país nuevo.

 

Recordemos que: La voz del pueblo es la voz de Dios.

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“El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Posted on octubre 21, 2005


 

Si por los frutos se conoce al árbol, los que vemos en el vecino del norte son muy demostrativos. Uribe se ha caracterizado siempre por una actitud prepotente frente a su pueblo, pero servil ante el imperio. Y esa filosofía, se riega como mancha de aceite en el agua, en todos los organismos del estado; con más facilidad, en los aparatos de represión, para quienes tal forma de actuar no es nada nuevo ni difícil.

 

En esa realidad, nos es clara la actitud violenta, antihumana, y contraria a los principios de respeto y de convivencia que han tenido los militares colombianos con nuestros hermanos otavaleños, cuando la semana pasada detuvieron a 7 menores de edad de la etnia Kichwa de Ecuador, mientras vendían ropa en las calles del corregimiento de Madrigal, en Nariño; los mantuvieron presos por 3 días, y luego los trasladaron a un cuartel militar, donde se les cortó la trenza, en un acto cobarde.

 

Si vemos que Uribe, lejos de buscar soluciones sociales y económicas a la situación de su país, ha optado por la guerra a sangre y fuego contra su pueblo, realmente, no se podría esperar otra cosa de él y de su aparato represor. Pero, eso no los justifica. Pues no es sólo estúpidamente agresiva esta actitud frente al extranjero que investigan (de una supuesta actividad ilícita), sino que se puede descubrir en ella, el deseo de humillar al ser humano, de abusar de su posición de autoridades: un manoseo indigno del poder que el estado guerrerista de Uribe ha dado a los aparatos de represión.

 

Por otro lado, al ser menores de edad, los chicos otavaleños merecían un trato especial, con más respeto y consideración que a los comunes, y de ninguna manera debieron ser llevados a un cuartel militar, ni siquiera en el caso de que su actividad comercial estuviera fuera de la ley.

 

Más aún, si consideramos que el uso de la trenza es una característica cultural ancestral, la agresión militar va más allá de un acto contra el individuo. Es sin duda alguna, un insulto al pueblo kichwa de Otavalo y por tanto, al Ecuador entero, que es una suma de nacionalidades distintas, con características propias. Es un asalto a la historia de nuestro continente, que se nutre de la diversidad étnica y cultural. Qué absurdo  que aquello que debiera ser orgullo, cual es, la variedad étnica, sea motivo para que la ignorancia, el racismo estúpido y retrógrado de los militares colombianos, aflore y se descargue sobre los menores apresados.

 

¡Qué justo habría sido, y digno además, que el mismo interés que los medios han puesto en informar del regreso del “coronelito” hubiesen dado a esta afrente nacional, como una denuncia, como un rechazo a la violación de los derechos de nuestros compatriotas!

 

Indigna también, la falta de respuesta del régimen de Palacio.  Ocupado como está en recuperar su imagen, al doctorcito, al cardiólogo, se le escapan las cosas importantes. Justo habría sido que inmediatamente luego de conocer el hecho, el gobierno ecuatoriano hiciera llegar su protesta a las autoridades colombianas, y exija de ellas una investigación exhaustiva de los agresores para que sean castigados con todo el rigor de la ley.

 

Estamos obligados a elevar nuestra voz de protesta, y conminamos al gobierno a que actúe coherentemente con su condición de representante del pueblo.

 

Recordemos las palabras de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

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Clasificar para la Democracia real

Posted on octubre 13, 2005


 

A todos a quienes nos gusta el fútbol, ver a la selección competir entre los grandes del mundo, es una alegría. Aunque su partido de clasificación deja una mezcla de sabores dulce y amargo, como una tristeza bajo el sombrero de sonrisa.  Pero…nuestra irremediable necesidad de poner los pies en la tierra y utilizar la cabeza no sólo para el sombrero, nos lleva a reflexionar sobre el fenómeno futbolístico.

 

Transformados los jugadores en Anuncios Clasificados andantes, vemos correr por la cancha a Mobistar, a Pilsener, y tantas otras marcas. Es decir, millones de dólares bailando, donde debería estar sólo el arte del drible, del gambeteo, de la maniobra ingeniosa pero limpia. Aquello que nació como un deporte barrial, de la clase trabajadora se ha transformado en una industria. Se exportan e importan piernas, pues no personas, por deslumbrantes cantidades de dinero en todo el mundo.

 

Y como no podía ser de otra manera, la pasión por este deporte, pasó a ser enseguida manipulada por el poder. Con la servil colaboración de los medios,  el mensaje cínico desde el gobierno a partir de la clasificación, es que el Ecuador nace como un nuevo país. Que todos debemos aprender de ese empuje del equipo y trabajar con esperanza, con tesón y responsabilidad. Los medios llaman a creer en el futuro de la nación. Y nos preguntamos: aquellos campesinos que murieron hace unos meses mientras hacían trabajos en el alcantarillado de Quito, que migraron a esta ciudad buscando mejores días, y que no tenían ni siquiera seguro, acaso no trabajaban con responsabilidad? Sus ingresos no se parecían ni de lejos a los 1’400.000 dólares que el “Bolillo” ganó en los 5 años que dirigió al equipo ecuatoriano. Y los humildes lustrabotas que envejecen al ritmo de sus cepillos y al abrazo del sol quiteño en las calles de la capital, no laboran con tesón?  Y los obreros de las pocas fábricas que quedan, gracias a la dolarización y al neoliberalismo: ¿no empeñan día a día sus vidas por un amanecer nuevo? ¿Podríamos

decir lo mismo de los sinvergüenzas del congreso que se apropian del dinero del pueblo armando componendas bajo la mesa, haciendo alianzas según intereses de la clase a la que pertenecen y representan? ¿O de los jueces y empleados judiciales corruptos que manejan la llamada justicia a su antojo y ambición?

 

En grosera manipulación de una de las pocas alegrías que el ecuatoriano medio puede tener en su cotidiana lucha por sobrevivir, como es la del fútbol, los medios de comunicación invitan a sumarse al triunfo  del seleccionado tricolor. Y el gobierno insiste en su mañosa consulta (que no consulta nada), aprovechando el momento de sonrisa que el pueblo tiene. Los voceros de los grupos de poder, se llenan la boca de invitación al trabajo conjunto, a arrimar el hombro para sacar adelante el país. Pero… la Oxy sigue allí. El Presidente se da las vueltas en lugar de respetar la ley y cancelar su contrato y enviarlos de vuelta a su país. Nada ha cambiado en el sistema educativo: las mismas viejas estructuras, profesores que cobran sueldo sin trabajar, mal trato y discrimen a las adolescentes embarazadas. Escuelas unidocentes en el campo, en edificios que a duras penas resisten el temporal. La Comisión  Anticorrupción, es acusada de corrupta. La deuda social, que en alguna forma iba a ser paliada con los fondos del FEIREP, allí está, creciendo igual que antes.

 

Los trabajadores de una florícola se organizan para reclamar sus derechos, y son despedidos.

 

Entonces, ¿de qué trabajo conjunto estamos hablando? ¿Por qué es el pueblo el que tiene que poner el equipo, el fútbol, el trabajo, y los mismos de siempre quedarse con las ganancias?

 

Es hora de empezar un buen partido. No político. De democracia real. De ejercicio de derechos. Y de tomar cuentas al gobierno.

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El “paraíso norteamericano” al estilo del “salvaje oeste”

Posted on octubre 6, 2005


 

Poca importancia se ha dado en los medios de comunicación social a la puesta en vigencia en Florida, Estados Unidos, de la ley que otorga a los pobladores el derecho a usar armas de fuego en lugares públicos, contra cualquier persona que les parezca una amenaza.

 

Si a usted amigo o amiga le parece esto una broma de mal gusto, convénzase, no es así. Tampoco se trata de una película de ciencia ficción. Es la plena realidad del pensamiento neoliberal. La ideología conservadora en su expresión más estúpida y concreta, en la que el Estado ya no tiene ningún papel protector sobre la sociedad, sino que rige la ley del más fuerte, o del mejor armado.

 

La misma filosofía de los grupos gringos de poder, que han poblado la historia de Latinoamérica con invasiones, ahora se hace real casa adentro. Si no les gusta lo que el país vecino hace, lo llenan de marines. Es decir, imponen sus intereses a sangre y fuego.

 

Ahora, pasará lo mismo en Florida. Cualquier interpretación subjetiva de amenaza, podrá ser respondida con fuego.

 

No causa sorpresa, sin embargo, cuando vemos el origen de la ley: el gobernador de Florida, Jeb Bush, hermano del presidente de los Estados Unidos, genocida desvergonzado y corrupto.

 

Tampoco quedan muchas dudas de los intereses económicos que se juegan. La Asociación Nacional del Rifle está detrás. Y es obvio, que los vendedores de armas se regocijarán al pensar en las jugosas ganancias que esta ley les traerá.

 

Las mafias existentes en ese estado, donde pulula el narcotráfico, podrán aprovecharse también de la ley para afinar cuentas. En resumen: un retroceso absoluto en los principios de convivencia pacífica, en el respeto a los derechos humanos, una vuelta al “Salvaje Oeste”.

 

La justificación que maneja el gobernador: “un asunto anticrimen, de sentido común”,  es absurda. De lo que carece la ley, en realidad, es de sentido común. La miopía de Bush ha transformado a la Florida, en uno de los lugares más peligrosos del planeta.

 

Ya hay grupos que han levantado su voz en contra de la ley. Incluso, se han publicado anuncios advirtiendo los cuidados que se deberán tener, al visitar este Estado. Claro, se ve amenazado el turismo, y las inmensas sumas de dinero que éste implica.

 

Sin embargo, quienes lamentablemente no tendrán la misma felicidad son todos los grupos minoritarios: negros, latinos, árabes.

 

Dado el rebrote de xenofobia, de sentimientos antimigración que se da en muchos estados de la unión norteamerica, es de esperar que la situación para los extranjeros se ponga cada vez más difícil. Y no toma mucho trabajo darse cuenta que, con esta ley, muchos crímenes racistas buscarán ser justificados. Cómo en los tiempos del KuKluxKlan, las poblaciones más pobres, los grupos afroamericanos, están seriamente amenazados.

 

La proliferación de armas seguramente pondrá en peligro incluso la seguridad de niños, niñas y adolescentes, en tanto sus casas serán, ya legalmente, sitios de almacenamiento de pistolas, fusiles, etc.

 

Si caemos en cuenta que todo esto tiene como uno de sus objetivos la protección de las desigualdades económicas que la sociedad capitalista ha construido, no podemos dejar de aceptar que sus niveles de corrosión están llegando a su límite.

 

Llama la atención, al menos por lo poco que se puede encontrar en los medios, la nula respuesta del pueblo norteamericano a una ley que institucionaliza el salvajismo, el retroceso en la evolución social, y lleva a su país, a la autodestrucción.

 

Cuando en otros países como Cuba, Venezuela, se alienta la solidaridad, el trabajo conjunto en función del bien común, gringolandia legaliza el “todos contra todos”.

 

Ha de servirnos de lección. El “paraíso norteamericano”, sigue su evolución histórica. Se cae por su propio peso: ambición, desigualdades, injusticias.

 

Nuestra obligación es aprender de la historia: la pasada y la actual, so pena de repetir los errores.

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