¡A recibir el nuevo año, a cumplir todos los retos!

Posted on diciembre 29, 2005


 

A poco de finalizar el año, revisemos “a vuelo de pájaro” algo de lo sucedido en el campo de los Derechos Humanos. 

 

En el Ecuador, el irrespeto a los derechos de las personas y de los pueblos es  de lo más “normal”. El Estado, principal responsable del cumplimiento de los derechos, no considera prioritaria la formulación de políticas públicas en este campo y peor el respetarlas. Los tratados y convenciones internacionales, así como las garantías que ofrece la Constitución, son letra muerta en el día a día ecuatoriano.

 

El bajo conocimiento que tenemos sobre nuestros derechos, nos lleva a tener una actitud poco activa para exigir su cumplimiento. Sin embargo de ello, durante este año, sí se dieron señales de que la gente empieza a entender que Derechos Humanos no son tema de alta política, sino de lo cotidiano; que se relaciona con la dignidad del ser humano, en el diario vivir.

 

Una muestra de ello tenemos en la revuelta de abril en Quito.  Estamos concientes de que la presencia de los “forajidos” en las calles no cambió ninguna estructura,  pero sí permitió ejercitar el derecho a protestar contra la ignominia y la corrupción establecidas.  Quedan cenizas de aquel suceso histórico. De las cenizas nos podemos levantar a forjar un país nuevo y diferente. Un país de respeto a los derechos de sus ciudadanos. Quizás… ¿nos falta voluntad?

 

Otro hecho nacional muy positivo y que vale la pena desempolvar del recuerdo son las campañas de alfabetización en Carchi, Cotacachi y Manabí.  Contando con el apoyo técnico del gobierno cubano, cientos de compatriotas que acceden a la lecto- escritura, dan un paso importante en el rescate de sus derechos ciudadanos.

 

El año finaliza con importantes manifestaciones de participación juvenil en defensa de sus derechos.  Diez ciudades del Ecuador recibieron la Exposición Nacional Itinerante “Derechos Humanos en la Mirada Juvenil”.  Una colección de mensajes fotográficos y de audio construidos por jóvenes, son el pretexto para que las organizaciones juveniles demuestren a la ciudadanía y a los gobiernos locales y nacional, que son sujetos y sujetas de derechos y que tienen la fuerza para exigir su vigencia.

 

Estas señales de ciudadanía activa en defensa de sus derechos, nos devuelven la esperanza en que los pendientes en el campo de los derechos humanos, no quedarán en el olvido.

 

No olvidamos y exigimos que se tome en cuenta la opinión ciudadana antes de firmar el Tratado de Libre Comercio.

 

No olvidamos y exigimos reparación a los vejámenes sufridos por un grupo de jóvenes otavaleños en manos de personal policial colombiano en el mes de octubre.

Tampoco olvidamos, y exigimos reparación para las víctimas de la invasión policial colombiana a nuestro territorio fronterizo. Perseguir a grupos armados de Colombia desde suelo ecuatoriano, es un grave atentado a la soberanía nacional.

 

El Comité de la ONU Contra la Tortura, reunido en Ginebra en noviembre, exigió al estado ecuatoriano la erradicación de la tortura en su territorio. Lo que en buen romance significa que esta barbarie sigue practicándose en nuestro país en el año 2005. ¿Es ese el régimen de Derecho y democracia en que vivimos?

 

Hay que despedir este año, pero sobre todo, hay que recibir al siguiente. De pie, organizados. Firmes en la convicción de que otro mundo es posible. Hay retos: el TLC, el Plan Colombia, la recuperación de nuestra soberanía expulsando de la Base de Manta a los militares gringos, y muchos otros. Nada se puede hacer sin organización popular. Esto es una meta irremplazable. El sí se puede en el deporte, debe ser parte del quehacer en la política.

 

Sí podemos lograr una sociedad justa. Sí podemos y debemos aspirar a un país en el que se respeten los Derechos Humanos.

 

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Una realidad lacerante, una realidad por cambiar

Posted on diciembre 12, 2005


 

A 57 años de vigente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el panorama para el mundo no es precisamente brillante en este campo.

 

Las andanzas de los guerreros del imperio, masacrando pueblos, violando territorios, usurpando riquezas, no dejan otra conclusión: nada ha cambiado, no hemos avanzado en materia de Derechos Humanos.

 

La invasión de Iraq es un magro recuento de la barbarie militarista del criminal Bush y sus tropas. Un informe de la Red de Observación de los Derechos Humanos en Iraq, menciona que: “durante los combates de septiembre de 2004, 149 mujeres de Faluya fueron violadas y los cuerpos de las mujeres asesinadas fueron mutilados. La mayoría de los cuerpos de las víctimas están enterrados en una fosa común en la zona de al-Sajar, cerca de Faluya.” 

 

Pero se denuncian otras atrocidades: “El acto más ultrajante y terrible atestiguado estos días en cárceles y campos de detención es el tratamiento inhumano a los niños. Los niños son torturados para hacer que ellos o sus padres confiesen crímenes que no han cometido.”

 

Se calcula que por los campos de detención gringos han pasado alrededor de 280 mil prisioneros, de ambos sexos y de todas las edades.

 

Pero hablar de Derechos Humanos no es referirnos solo a torturas, detenciones arbitrarias, masacres ejecutadas por ejércitos. Mencionar trabajo, vivienda, salud, es también entrar en su ámbito, y toda reflexión sobre derechos no puede hacerse alejada de una discusión de lo que es el sistema capitalista, con sus contradicciones y atrocidades.

 

En el mundo hay alrededor de 300 millones de enfermos de malaria. Casi 5 millones de personas mueren al año por parasitosis, o sea, 15 veces más que las personas que mueren con el SIDA.   

 

Y mirando un poquito más en lo profundo del sistema, según el informe del Foro Global de Investigación sobre Salud, el hambre es la forma más común de morir. Es la principal causa de enfermedad y el mayor problema sanitario. Sin embargo, en armamentos se gasta un billón de dólares por año. Pero claro, es más rentable el negocio de las armas que solucionar el hambre del mundo.

 

El Comité por la Anulación de la Deuda de los países del Tercer Mundo informa que,  por cada dólar adeudado en 1980, los países del Tercer Mundo ya habían pagado en el 2001, 8 dólares. Y todavía debían 4 dólares más.  Es decir que, América Latina y el Caribe han pagado ya alrededor de cinco veces la deuda externa original. Aun así, su deuda se incrementa año tras año.

 

¿Y casa adentro qué pasa con los Derechos Humanos? Bueno pues, que Ecuador es uno de los países de América Latina con una de las más pesadas deudas externas. En 1999 la deuda total llegó a más de 16 millones de dólares. Once de cada cien ecuatorianos está en situación de analfabetismo, 1 de cada diez compatriotas están desempleados y 43 de cada cien están subempleados. Es así como se irrespeta el derecho de las y los ecuatorianos a trabajar.

 

El Programa de Aseguramiento Universal de Salud del presidente Palacio, que inició en Guayaquil en octubre pasado, inicia un plan de privatización de los servicios de prestación de salud en el Ecuador. De un derecho, la salud pasó ya a ser una mercancía más.

 

Pero si el Estado no es más que un instrumento de la clase poderosa, nuestra obligación es obligar a que ese instrumento, pase a servirnos a nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes. Es hora de hacer de aquella Declaración Universal de los Derechos Humanos más que un listado de ilusiones. Debe ser transformada en realidades.

 

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Rol del estado en el control del VIH y SIDA

Posted on diciembre 4, 2005


 

La salud es un derecho fundamental que mide la situación de los Derechos Humanos en nuestra sociedad. El Estado, a través del ministerio de salud y de los gobiernos provinciales y cantonales, debe respetar y proteger los derechos de las personas.

 

La Convención de NNUU en Viena, 1993, señaló que los derechos sociales, económicos y culturales, tienen igual valor que los derechos civiles y políticos. Los derechos sociales, son la base de las libertades civiles y políticas. No hay unos derechos más importantes que otros. Se puede enjuiciar a un Estado por torturas, desapariciones o, también, por desatención de los derechos sociales.

 

La estadística mundial de 2005 sobre la propagación de la infección del Virus de Inmuno deficiencia Humana (VIH) y del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), obliga a revisar el rol del Estado para garantizar el control de esta epidemia.

 

El informe de Naciones Unidas, 2005, señala: “hay nueva evidencia de que la infección de VIH en adultos-as ha decrecido en ciertos países y que, cambios de conducta para prevenirla, tales como el uso de preservativos, el retraso de la primera experiencia sexual y la reducción de las parejas sexuales, ha jugado un rol clave en esta declinación… de todas formas, la tendencia global de la transmisión del VIH todavía está creciendo y hace falta esfuerzos mucho más grandes para controlar la epidemia”.

 

El papel del Estado para controlar la expansión del VIH y del SIDA es fundamental. Debe poner al alcance de toda la población, en lo rural y urbano, a varones y mujeres, a jóvenes y personas adultas, los mecanismos y medios para prevenir y atender la infección.

 

Es deber del Estado garantizar la educación más amplia y veraz, basada en evidencias científicas y acordes con los adelantos tecnológicos, para adoptar y mantener hábitos saludables. La educación para la prevención tiene que ser abordada en los medios de comunicación y en el sistema educativo. El Estado debe garantizar la educación para el cuidado de la salud reproductiva y de la sexualidad. Estos aspectos no pueden quedar al arbitrio de las empresas educativas o mediáticas que, sin cuidado alguno, tratan esta problemática en función de las ventas y la rentabilidad.

 

Es deber del Estado garantizar los medicamentos indispensables para las personas portadoras de VIH o que padecen sida. Debe garantizar, además, el acceso geográfico y económico a exámenes y tratamientos de acuerdo con las normas de respeto a los derechos de las personas: calidad, seguridad, confidencialidad y permanencia. La atención garantizada de las personas portadoras de VIH detiene y controla su propagación.

 

Finalmente, es deber del Estado implantar mecanismos para eliminación de la estigmatización y discrimen de las personas portadoras de VIH o de sus familiares. Es necesario erradicar los estereotipos, miedos y tabúes que llevan a la discriminación en los colegios, lugares de trabajo y servicios de salud.

 

La Constitución ecuatoriana garantiza, en el papel, estos derechos. Lo único que se requiere es que la sociedad y sus organizaciones conquisten que el Estado cumpla como debe.

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