Regionalizar la guerra y negar el futuro de los pueblos

Posted on febrero 3, 2006


 

En los últimos meses se produjeron varias incursiones de las fuerzas de seguridad colombianas a territorio ecuatoriano. Tanto por aire como por tierra, efectivos militares y policiales de Colombia han ingresado al Ecuador, en búsqueda de miembros de las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

 

De poco ha servido la débil protesta del gobierno ecuatoriano, para frenar estas violaciones reiteradas a nuestra soberanía. Débiles, como para cubrir apariencias. El peso de las directivas del imperio es grande, y a éste no le sirve que se enfrenten Colombia, su fiel servidor, y el Ecuador, firme candidato a engrosar el grupo de sus sirvientes.

 

Mas el atrevimiento del gobierno colombiano y sus fuerzas armadas, raya en lo inverosímil. El último episodio ocurrido hace unos pocos días, en el sector de La Bermeja, cantón Cascales, Sucumbíos, no sólo que comprometió a efectivos a pie, sino a varios helicópteros y avionetas artillados, que con entera desfachatez, acribillaron a balazos a una población del territorio ecuatoriano.

 

No deja de asombrar las declaraciones que hacen los parlamentarios. La ID invita a la prudencia. Lástima que las Fuerzas Armadas colombianas no pensaran igual. Y es más grosera todavía la afirmación que hiciera el diputado Rivera de la DP, al manifestar que el asunto es lamentable pero que es el precio que tiene que pagar el país por estar cerca de otro  que está en guerra.

 

Sin negar la validez de la argumentación legalista respecto a la soberanía territorial violentada, hay otros puntos que deben ser explorados y sobre los cuales se debe entablar reflexión y discusión.

 

En primer lugar, y lo más importante, es que resulta insultante la poca o ninguna consideración que los militares colombianos han tenido para con la población civil de la zona. Versiones de pobladores dan cuenta que los helicópteros y avionetas que intervinieron en el ataque, dispararon sin discrimen alguno en contra de civiles y hogares de la zona, lo cual obligó a más de 70 familias a abandonarla, con todos los riesgos y dificultades que ello implica. Además, dañando áreas cultivadas y viviendas. Es decir, incrementando el grave problema de las migraciones que afecta a las poblaciones pobres de la frontera.

 

Este acto criminal obliga al gobierno ecuatoriano a una protesta absolutamente categórica y firme. Pero al igual que en otras ocasiones, las autoridades ecuatorianas dan vueltas al asunto, dejando en manos de los militares el tratamiento del episodio.

 

Por otro lado, está claro que el gobierno colombiano insiste en ignorar todo intento de solución pacífica y política al conflicto interno que vive su país. Pero claro, es que en verdad, no se ve el deseo de solución, en tanto los intereses de los transnacionales de la guerra del país imperial son otros.

 

La clara intención del gobierno yankee de regionalizar el conflicto colombiano, no ha sido abandonada en ningún momento. En su lucha por lograr el control de las áreas de extracción de petróleo y de agua dulce, dramatiza el conflicto con los insurgentes. Las aseveraciones de los pobladores afectados manifiestan que no hubo ningún desplazamiento de miembros de las FARC hacia nuestro territorio. Toda esta pantomima, llena de agresión y violencia en contra de los civiles, ¿no tendrá alguna intención de intimidación?

 

Tampoco podemos dejar de considerar el papel de “distractor” que tiene el mencionado episodio militar. En momentos en que está por firmarse el TLC, y cuando se alzan miles de voces en contra de ello, cabe desviar la atención de las negociaciones, cuyo trámite secreto y hermético, dará como resultado un nuevo desastre para nuestro país.

 

Debemos mantenernos despiertos y vigilantes, firmes en el rechazo al TLC, firmes contra el robo impune que hacen de nuestros recursos las transnacionales gringas, firmes contra la negación de nuestro futuro.

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