Fidel Castro y la Revolución Cubana

Posted on febrero 29, 2008

Fidel Castro, el carismático líder de la revolución cubana deja la jefatura del gobierno luego de 50 años. Fidel y su ejército popular derrocaron a la dictadura de Batista, aupada por los gringos, en 1959 e impulsó una reforma total del Estado. Se revirtió la desigualdad socio-económica e impuso un estilo de gobierno: tener poco pero repartido equitativamente. El proceso revolucionario se mantendrá con Raúl Castro, pero habrán aperturas necesarias hacia su pueblo y hacia el exterior para mantener vivo el fuego de la revolución con una estructura económica y política sustentable.

Es indispensable contrastar un antes y un después de la revolución popular liderada por Fidel. La Cuba de los años cincuenta era un país agrario, atrasado, pasto de los inversores y especuladores estadounidenses que obtienen jugosas ganancias con recursos cubanos: la caña de azúcar, telecomunicaciones, cabarets, minas de bauxita y negociados con la dictadura de Batista. La sociedad cubana estratificada, como todo país capitalista y dependiente, tenía una élite que dominaba el orbe cubano con opulencia y todo servicio, mientras la mayoría del pueblo empobrecido, carecía de educación, una salud adecuada, vivienda y empleo. El sentido de dignidad nacional  era mínimo.

En 1959, Castro, con su formación socialista, su espíritu rebelde y el apoyo de dos centenas de revolucionarios y de la población,  interpreta el anhelo de su pueblo por días mejores. Triunfa, luego de la lucha armada de Sierra Maestra, contra  un Batista sanguinario, que pierde apoyo de los EU.

La revolución popular cubana organiza y transforma la sociedad cubana. Con el accionar del partido político,  pocos recursos y gran organización popular, se convierte en un país que vive plenamente el derecho al trabajo, a la educación, al alimento, a la salud gratuita, a la cultura.

El sistema de salud cubano es referente internacional en conocimiento, investigación y aplicaciones. Cubre a 98% de la población, tiene bajísimas cifras de mortalidad infantil y una esperanza de vida de las más altas en Latinoamérica. Sus investigaciones sobre genética animal y vegetal han logrado altos niveles de productividad. Son célebres en la conquista de medallas en eventos olímpicos. Valores, ética y organización han dado dignidad a la vida del cubano. Cuba vive sin trafico de drogas, mendigos, asociaciones criminales, ni explotación inmisericorde de los trabajadores, ni hay gente sin techo..

Todo proceso humano es un río que tiene cursos, desarrollos, virajes. Lo social no escapa a ello. Hoy en Cuba hay buenos niveles de derechos sociales pero se reclaman más libertades individuales. Los engañosos destellos del sistema de vida americano han influenciado en especial a los jóvenes, haciéndoles creer que la vida en un sistema capitalista es mejor. Pero el capitalismo valida la apropiación de fama y fortuna por méritos personales mientras todo a su alrededor puede caerse a pedazos.

La revolución cubana liderada por Fidel Castro es la antítesis de los valores del capitalismo. Su socialismo, cuidado y defendido por tantos años, contra la descarada agresión de los gobiernos de EU, deberá adecuarse para lograr mejores niveles de conciencia y humanidad y más altos niveles de producción. Lograr el equilibrio entre los derechos sociales y las libertades individuales es el desafío de la sociedad cubana.

Fidel deja su puesto de comandante en jefe, de presidente, pero el espíritu rebelde,  nacionalista y solidario de la revolución cubana, su carisma y liderazgo, proyectarán su luz sobre Raúl Castro, la Asamblea y sobre todo, su razón de ser y hacer: el pueblo cubano consciente y organizado.

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Paúl Guañuna

Posted on febrero 25, 2008

Paúl Guañuna, con apenas 17 años y una mochila de estudiante del Instituto Central Técnico, lleno de sueños, amaneció muerto arrojado a una quebrada luego de haber sufrido golpes mortales por acción de tres policías.

Paúl fue detenido por los miembros de un patrullero junto con un compañero mientras pintaban graffitis. Fue maltratado, su acompañante fue dejado junto a la vía y vivió para contarlo. Paúl fue hallado días después y presentaba evidencias de haber sufrido una golpiza. Todo indica que uno o más de los policías le dieron con sus armas cachazos en la cabeza. Paúl resultó malherido y  en esas condiciones, los autores del asesinato decidieron arrojarlo desde un puente a una quebrada.

Tras la muerte de Paúl Guañuna, sus padres, gente digna y trabajadora, llevaron adelante una lucha valiente y decida para esclarecer el asesinato de su hijo y para que se haga justicia, a pesar de la falta de recursos de toda índole. Cabe señalar que han recibido el apoyo de varios organismos  de Derechos Humanos y de los amigos, compañeros y jóvenes sensibles de todo el país.

A golpe de marchas, protestas y exigencias, las cortes de justicia declararon culpables de este crimen a los policías que perpetraron el hecho. Es positivo que la impunidad se haya roto en este caso y que hayan sido juzgados y condenados, al contrario de lo que ha sucedido en tantos otros casos en el Ecuador. Sin embargo, nada devolverá la vida a Paúl ni borrará el inmenso e imborrable dolor  de su familia y de sus compañeros.

Hay que prevenir la violación de los derechos humanos y todo rastro de maltrato o brutalidad en las actuaciones policiales.

La brutalidad represiva contra los detenidos en nuestro país debe terminar.
Las violaciones a sus derechos humanos deben terminar.
¿Algún día, los miembros de la policía y de las fuerzas de seguridad, en su conjunto, aprenderán a tratar con respeto y dignidad a los detenidos, por más grave que fuera su delito?

Paúl Guañuna fue detenido por pintar graffitis, por tanto, no cometió ningún delito, a lo sumo, una infracción menor.

El Colectivo PRODH demanda que el gobierno nacional que, a través de sus ministros y de los comandantes de la Policía y las Fuerza Armadas, se lleve a cabo un proceso permanente de educación y control a los elementos de tropa y oficiales sobre el respeto a los derechos humanos en sus actuaciones y con los detenidos. Deben ser capacitados en métodos no represivos de investigación e interrogatorio.

¿Será mucho soñar con un país en el que nunca más,  jóvenes como Paúl Guañuna, no sean asesinados por haber pintado grafittis?

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Yo ciudadana, Yo ciudadano

Posted on febrero 19, 2008


Yo, me declaro ciudadana o ciudadano de nuestro Ecuador, de nuestra América, del planeta entero. No soy ni más ni menos que nadie. Ninguna persona es más ni menos que yo. Mis derechos son los derechos de todos y todas.

 

Toda la gente del barrio y la comunidad, del campo o de la ciudad, tiene los derechos y la dignidad que a mí me corresponden. Nací en un terruño alejado de las grandes urbes pero no soy menos persona por no estar en Guayaquil, Cuenca o Quito. 

 

Nuestra comuna o barrio, nuestra casa grande, merece todas las condiciones para una vida digna: agua potable, alcantarillado, salud, educación, caminos, vivienda, empleo digno, recreación, deportes… en fin, todo lo que nos hace más persona.

 

No pido lujosos malecones ni inmensos parques hermosos. Espero un pequeño parque donde los niños y las niñas del vecindario jueguen las mañanas soleadas.

 

No exijo teatros o cines ultramodernos. Exijo una casa donde los chicos y las chicas tengan ilusión de estar las tardes en vez de correr a cualquier discoteca alienante, donde se fomenta el sexismo, el tabaquismo, alcoholismo y uso de otras drogas.

 

Yo ciudadana, mujer del pueblo, exijo que los servicios de salud respondan a las necesidades que tengo como mujer y como madre. No tengo que rogar que me atiendan en los hospitales. No quiero una receta para que me estafen en cualquier botica. No quiero morir por mala atención en mi maternidad. Tengo derecho a tener los hijos que planifique y nadie debe mandar sobre mi cuerpo. Soy dueña y señora de mí misma.

 

Yo ciudadano, quiero saber que soy útil y que mis capacidades son reconocidas y valoradas en la sociedad. Reconozco mi poder de ser sensible y no violento contra las  mujeres. Creo que puedo ser fuente de alegría en mi hogar y no un monstruo que es servido. Reconozco que no debo agredir verbal, física ni sexualmente a nadie, menos aún a quienes conviven conmigo.

 

La educación es un derecho y no un privilegio de quienes tienen dinero. Exijo que los hijos y las hijas de mi vecindario tengan la mejor educación en la infancia y en la adolescencia. Exijo que los años más felices de sus vidas sean los de la escuela y el colegio.  Quiero que la juventud tenga acceso a estudios superiores según sus capacidades.

 

No quiero que mi municipio haga obras para el bienestar público con donaciones. Quiero que mi municipio  reciba un presupuesto equitativo desde el gobierno central sin necesidad de pedir. Quiero que mi municipio me rinda cuentas y que el dinero público sea administrado por honestas manos públicas. No quiero manos privadas con fin de lucro administrando el dinero de todos y todas.

 

Yo ciudadano, yo ciudadana, reconozco que debo organizarme con la gente de mi vecindario, de mi comunidad y de mi clase. Mi voz aislada no suena. Nuestra voz organizada tiene eco y resuena. Nuestra voz organizada es la única garantía de una nueva sociedad y de una nueva Constitución acorde con mis sueños.

 

Escribo desde un pequeño rincón de la patria donde nací, donde vivo y espero.

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Por una política de estado sin marginación

Posted on febrero 8, 2008

Casas inundadas, gente con el agua hasta las rodillas o hasta el cuello salvando unas pocas pertenencias, campos anegados, cultivos destruidos, refugios repletos de damnificados donde falta de todo. Estas son imágenes de las inundaciones que con frecuencia arrasan la costa ecuatoriana. Hasta el momento, se estima que son 12 mil los damnificados de las inundaciones de este invierno y unas 100 mil hectáreas de cultivos las afectadas de las cuales la mayor parte se destruirá.

 

También los pueblos y ciudades sienten los efectos: Calles inundadas donde falta, o es inadecuado el alcantarillado que se convierten en caldo de cultivo de enfermedades tropicales. Sus víctimas llenarán los hospitales públicos y algunas incluso morirán a causa del dengue, la malaria u otras enfermedades.

 

A pesar que el fenómeno de las inundaciones se repite, no existe una política de Estado para solucionar este problema. ¿Será que la gran mayoría de afectados son pobres, campesinos o habitantes de barrios marginales de las ciudades?

 

Lo cierto, es que los gobiernos de turno solamente ponen parches pasajeros donde debiera haber soluciones más o menos definitivas. El gobierno de Rafael Correa tampoco ha sido la excepción: Los refugios son insuficientes, los damnificados están hacinados en condiciones precarias, la ayuda tarda en llegar y no alcanza para todos los afectados, la Defensa Civil cuenta con pocos recursos y hace lo que puede, que es mucho menos de los que se necesita. Y así, cada invierno fuerte quedan más empobrecidos miles de agricultores que perdieron sus cosechas y habitantes de zonas marginales de la costa, que perdieron su casa y sus pertenencias. Condenados a  la resignación. Condenados a empezar de nuevo de cero. Condenados a las migajas de los gobiernos.

 

A grandes males, grandes remedios. Para solucionar el problema de las inundaciones  se requiere invertir  bastante dinero: Un sistema completo de control de crecidas de ríos puede costar entre 200 y 300 millones de dólares. Eso, aseguraría que se reduzcan drásticamente los daños ocasionados por los ríos de la Costa que siempre se desbordan, como el Bulubulu, el Babahoyo, el Daule y muchos otros.

 

El estudio sobre este sistema fue realizado hace varios años por técnicos cubanos, ¿Será por eso que ningún gobierno le ha “parado bola” en lo más mínimo? 

 

Sin embargo, recordemos que los daños producidos por las inundaciones cuando se produjo el fenómeno del Niño en 1983 alcanzaron los 3000 mil millones de dólares. Entonces, ¿Vale o no la pena realizar esta inversión? ¿No es acaso sino una pequeña fracción de lo que el gobierno de Rafael Correa piensa invertir en centrales hidroeléctricas y en refinerías, que dicho sea de paso, también son indispensables? ¿O nuevamente se deberá repetir la dolorosa realidad de los campos inundados, la gente con el agua hasta la cintura, los refugios atestados y las cosechas destruidas?

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Entre marchas y marchas

Posted on febrero 3, 2008

En el Ecuador se han patentado, por su forma y por su fondo, varios tipos de marchas

Hay marchas que dieron y darán vergüenza (ajena), como fue que lideraron los socialcristianos a favor del banquero Aspiazu, en Guayaquil. Hay las movidas por un alcalde, el aparato municipal y la crema del empresariado, banqueros y mercaderes de puerto, para defender el neoliberalismo. Para ellos, no hay nada mejor que lo hecho por sus gobernantes en los últimos 30 años. No aceptan reformas del Estado y luchan por su  modelo excluyente.

Otras marchas unen a los dolientes y afectados por accidentes de tránsito o por la delincuencia. Piden seguridad, justicia y respeto a las normas.

Otras marchas movidas por el gobierno actual, para festejar una gestión reformista e innovadora, que quiere romper los moldes neoliberales y empieza a configurar un Estado garante de los derechos a la salud, educación, trabajo, vivienda. No como dádivas de un gobierno populista sino como derechos de las personas. Todavía hay que ver.

Entre unas y otras marchas, hay otras que arrancan de la entraña de los siglos. Que a veces levantan puños y voces por los caminos y las calles. Otras veces, son silenciosas.

Marchas de resistencia de los pueblos indios ante el genocidio impulsado por los continuadores de la sociedad colonial, eclesial, etnocéntrica y excluyente que aún pervive. Claman su reconocimiento como pueblos diversos y exigen un país plurinacional.

Marchas incontables de jóvenes defendiendo su derecho a la educación, exigiendo soberanía nacional, justicia y equidad. Marchas que han sido reprimidas por la fuerza pública y han dejado huellas de sangre fértil en el asfalto.

Marchas de mujeres de todos los rincones, por sus derechos y exigiendo que el Estado no convierta la salud, la educación y la dignidad, en mercancías como los neoliberales quieren. Marchas para que nadie decida en su vida y en su cuerpo, nadie más que ellas mismas.

Marchas de las organizaciones defensoras de la vida del planeta, la tierra y el aire, el agua y los animales, contra la depredación sin límites que buscan los empresarios transnacionales para que sus ganancias crezcan aunque se pisotee la naturaleza y la gente. Marchas campesinas, de pobladores, de trabajadoras sexuales, de gays, lesbianas y travestis, por sus derechos, contra el estigma y la discriminación de una sociedad hipócrita y moralista.

Y en el Ecuador, también, hay millones de marchas silenciosas: de madres campesinas que caminan horas antes de llegar a un hospital para alcanzar un turno. De quienes duermen desde la víspera en las calles para alcanzar una matrícula en un colegio público. De hombres que, de madrugada, esperan en una esquina que alguien les ofrezca un empleo aunque temporal.  Miles de marchas de familias al cementerio con difuntos por causas evitables pero que, un sistema de salud destrozado por los neoliberales, no pudo salvarles.

Las marchas milenarias y cotidianas del pueblo empobrecido del campo y la ciudad, deben ser atendidas de forma y fondo –sin duda y sin demora- por el gobierno nacional y por la Asamblea Constituyente. Las otras, las preparadas con tarimas y orquesta… sobran.

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