¿De qué modelo de democracia hablamos?*

Posted on abril 29, 2009

La democracia es el poder del pueblo pero ¿qué posibilidades tiene la gente de participar en las decisiones fundamentales que tienen que ver con la vida de la colectividad? Las elecciones son una manera de participar, pero si la participación se reduce al momento de rayar la papeleta y luego la gente desaparece del escenario, entonces se trata de una democracia por lo menos débil. Las elecciones son importantes si están vinculadas a procesos participativos más profundos, con fomento de la organización social.

Un principio básico de la democracia es la participación en la vida del país. En la sociedad en que vivimos el poder que tienen las personas se encuentra distribuido desigualmente porque la distribución de la riqueza es también desigual. El salario mínimo vital en Ecuador es de 218 dólares y el costo de la canasta básica ha superado los 500 dólares al mes. Eso quiere decir que hay personas que con su ingreso no alcanzan a cubrir el costo de alimentación, vivienda, educación, vestido y salud de una familia de 4 personas. En contraste, hay personas que perciben ingresos de 200 mil o 300 mil dólares al mes. La democracia supone una igualdad política, pero en sociedades de enorme desigualdad económica, no puede ser completa la democracia.

El pueblo que no tiene poder económico solo puede incidir en la marcha de la política uniéndose. Por eso las organizaciones sociales, los movimientos sociales son fundamentales para construir y profundizar la democracia. Las organizaciones son organismos vivos y pasan por distintas fases. Las luchas de sectores organizados han ido permitiendo que el país se encamine a una posibilidad de cambio. Este cambio va a ser posible en la medida que las organizaciones estén presentes, en que tengamos movimientos activos, que la gente se de cuenta que solamente organizados, trabajando en redes, dialogando y construyendo espacios con otros podemos profundizar la democracia y avanzar hacia un país con justicia y con igualdad.

Esta Constitución crea el Consejo de Participación Ciudadana, que es parte del Quinto Poder. En ese sentido, el contenido fundamental no viene dado por el texto de la ley sino por el modo en que la sociedad se apropia de esas instituciones y de sus funciones, porque podemos tener toda una ingeniería institucional muy participativa, pero si falta el contenido fundamental, es decir que la ciudadanía participe, no nos sirve de mucho. Lo fundamental es preguntarse cómo podemos llenar de contenidos participativos a los espacios que la sociedad abre y no simplemente mantenernos en una actitud contemplativa. Hay un grado de responsabilidad muy grande sobre la ciudadanía para dar contenido a las leyes, porque sin su activa participación los cambios no se verán.

En una elección puede modificarse el mapa político en el país. Si la democracia se fortalece depende de la gente que permita que eso suceda. Si la gente vota y se queda en su mundo privado, no avanzamos. Una buena parte de lo que va a ocurrir en el país depende de nosotros, no solo de los gobernantes.  El pueblo busca condiciones de vida digna para todos, como todavía no se consigue, tenemos que seguir luchando para lograrlo. Por eso es necesario continuar en el empeño del cambio.

[1] Declaraciones de Mario Unda, sociólogo, catedrático e integrante del Centro de Investigaciones Ciudad. “Al Derecho y al revés” programa radial del Colectivo Pro Derechos Humanos.  Radio Municipal de Cultura, 720 AM. Quito.

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Julio: vida – tierra – derechos

Posted on abril 24, 2009

Julio García, como siempre, puntual, estuvo temprano en el parque La Carolina. La tarde soleada presagiaba una noche fresca, casi veraniega. Llegó con sus dos hijas, Sisa y Samy y su compañera, Charito. Era el 19 de abril de 2005. Más de cien mil personas marcharon contra la traición del gobierno de Lucio Gutiérrez.

En el parque, su compañera tomó una de las últimas fotos a Julio, en la que luce su rostro sereno.  Sobre sus hombros sostiene a una de sus hijas, que muestra una mirada tranquila y confiada. La pequeña lleva en su mano un cartel donde destaca un sol y unas montañas, en una esquina hay una bandera amarillo, azul y rojo, y la palabra “paz”. Ese cartel lo elaboraron en un “taller familiar” sobre la coyuntura del país.

En la foto también se ven decenas de rostros y banderas. En la marcha multitudinaria desde el parque La Carolina en Quito al palacio de gobierno, se jugaba la suerte de un gobierno que se puso de rodillas ante el imperio estadounidense y la oligarquía criolla.

La última foto de Julio con sus hijas sintetiza su compromiso: la vida, la tierra y los derechos de las personas y los pueblos. La existencia de Julio y su obra fotográfica revelan su pasión por la gente en medio de la naturaleza. Julio vida-tierra-derechos.

Entrada la noche, en medio de la llovizna, Julio iba en primera fila de la manifestación, documentando con su cámara la marcha, la protesta esperanzada, los rostros del odio, la represión brutal ordenada por un desesperado caudillo de pacotilla al filo del derrocamiento.

Julio cayó abatido por los gases asesinos lanzados por la Policía, directamente contra él. Fue el castigo por atreverse a fotografiar los escudos, las bombas y máscaras antigas de los uniformados. Los asesinos del compa Julio, al asfixiarle, pretendieron borrar la memoria de los hechos. No pudieron. Julio, su testimonio y las pruebas de cargo perviven y siguen vigentes.

Al día siguiente de la muerte de Julio García, el presidente embustero huyó apurado del palacio. Dejó atrás un país frustrado, defraudado y consciente de que no permitiría que se repita un engaño de tales dimensiones. Un país que haría un emblema de ese capítulo de la vida nacional.

Hay quienes –hasta ahora- no comprenden la revuelta forajida contra Lucio Gutiérrez y dicen que fueron cuatro pelagatos de Quito. Quizás, quienes mejor comprendieron fueron los jefes de la fuerza pública que no acataron la orden de tirar a matar y prefirieron renunciar. Por igual, los comandantes de la fuerzas armadas que retiraron su apoyo al fallido presidente. Esas personas y las centenas de miles que, en varias ciudades, ocuparon las calles y plazas, coreando sin cesar: ¡Lucio, fuera! ¡Lucio, fuera!

Julio García, compañero querido y respetado por su compromiso, es el testigo que pagó con su vida ese episodio de la historia.

Nada borrará su memoria: Julio, vida-tierra-derechos.

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Buscar respuesta a la crisis capitalista

Posted on abril 13, 2009

Todas y todos hablan de la crisis del capitalismo. La crisis no afecta por igual a todos o todas. Los veinte millones de personas que pasaron al desempleo en China y los otros tantos millones de otros países, la sienten en carne propia. La crisis no golpea a miles de millones de seres humanos que viven “en crisis” cotidiana con menos de un dólar diario de ingreso.

La inmensa mayoría de empresarios, banqueros y financieros transnacionales que provocaron la crisis con su especulación amoral, la sobreproducción de bienes y su ambición ilimitada, motivando la quiebra los sistemas financieros, están tranquilos pues las aseguradoras y re- aseguradoras les guardan las espaldas.

Los gobiernos del mundo –administradores de Estados que cuidan con ahínco el funcionamiento del sistema capitalista- con Obama, Berlusconni y Zarkosy a la cabeza, les entregan billones de dólares para un escabroso salvataje de escala planetaria. En la cumbre de los gobernantes hicieron un tímido llamado a poner medidas de control a la especulación y a una supuesta finalización del secreto bancario en los paraísos fiscales del mundo.

La crisis del capitalismo se siente desde hace pocos meses, pero se venía cocinando desde hace siempre, aunque no se sabía cuándo estallaría. Las crisis son intrínsecas a la sociedad capitalista que surgió con la revolución industrial y las relaciones de explotación entre dueños de capitales y proletariado. Su cimiento es la violación de los derechos humanos.

La fuerza del capitalismo está en la capacidad ilimitada de producir y producir más bienes materiales o servicios a bajos costos, invirtiendo lo menos posible y elevando las ganancias para el capitalista. En el capitalismo se pagan salarios mínimos que condenan a millones de trabajadores y trabajadoras a una vida “al borde del hambre”. La inmensa masa de personas no tiene posibilidades de compra de inmensa cantidad de bienes que la sociedad produce. Esto origina la sobreproducción, las caídas de precios y las quiebras. El hambre y la miseria para millones. El lujo superlativo y la acumulación de capital en pocas manos.

Son crisis anunciadas y esperadas. El capitalismo es la irracionalidad llevada a su mejor expresión, lo que incluye un exterminio sin clemencia de la naturaleza, de las especies animales, de los suelos y las aguas; una contaminación del aire que pone en peligro la vida en el planeta. Es el triste y demasiado alto precio del desarrollismo extractivista. A esta lógica de funcionamiento del capitalismo se suman la inmoral especulación financiera y la revolución cibernética que permite transmisión de datos instantánea, incluyendo transferencias monetarias y una circulación veloz de capitales.

La crisis galopa y golpea de manera desigual. Los gobiernos protegen sus economías y tratan de ponerlas a flote hasta que las olas de la hecatombe capitalista se calmen. Hay medidas lógicas para flotar en la crisis, como el mantenimiento de las inversiones sociales y energéticas, aunque, la principal es romper los principios del desarrollo extractivista, explotador del ser humano y exterminador de la naturaleza.

Dice alguien que la crisis durará una década. Nadie puede decir a dónde llegará. Pero la pregunta debe ser: ¿a dónde nos lleva la crisis? Una mejor respuesta puede encontrarse en colectivo y no individualistamente. Es indispensable encontrar una lógica de producción y desarrollo que supere la irracionalidad y el absurdo del capitalismo. Una lógica en que los derechos de las personas, de los pueblos y de la naturaleza sean lo primordial.

El momento del planeta exige una respuesta de todos y todas, con organización, sin tardanza.

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A la memoria de nuestro hermano Julio

Posted on abril 10, 2009


Hoy tenemos más razones para recordarlo, hoy está aquí presente, mostrándose tercamente dispuesto a seguir con nosotros pese a su muerte.

Julio García Romero murió el 19 de abril de 2005 en las calles de Quito, Ecuador, asfixiado por los gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas represivas del régimen durante una multitudinaria protesta ciudadana que terminó con la expulsión del país del lacayo de los Estados Unidos y presidente de turno, Lucio Gutierrez.

Dicen que fue un accidente, que su corazón le traicionó…..pero quienes tuvimos la suerte de conocerlo sabemos que corazones como el suyo jamás traicionan.

Periodista gráfico de profesión e internacionalista por convicción, Julio era un hombre que concentraba entre las venas y la piel el orgullo inmenso de ser latinoamericano, rebelde, irreverente, tozudamente contestatario.

Exiliado político de la monstruosa dictadura chilena llegó a Ecuador hace 33 años a atrapar con su cámara trozos de realidad, y a través de la lente y de los sentidos se dejó enamorar de la gente común, sencilla, transparente…..se dejó sobre todo adoptar por el mundo indígena y decidió que esa era su casa.

La única satisfacción que nos queda a los amigos huérfanos de su mirada es saber que murió como hubiera querido, en las calles, peleando, denunciando, puteando a los poderosos, cámara al hombro, registrando el minuto a minuto de la decencia.

Y aunque creímos que todo se detenía en el momento mismo en que él caía y nos quedamos envueltos en una helada neblina de pánico con la certeza de que su ausencia ya nos congelaba las fuerzas para seguir,  los acontecimientos del país nos forzaron a abrir bien los ojos y pese al dolor de su partida, decidimos recoger su bandera, remangarnos la camisa y seguir empujando este hermoso sueño colectivo en el que, pese a la barbarie, seguimos creyendo; otro mundo tiene que ser posible.

Porque Ecuador, al igual que otros países de América Latina vive un momento político trascendental en el que es viable darle un giro a la historia. (…)


[1] Extracto de texto escrito por los amigos de Julio García en el primer aniversario de su fallecimiento.

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