Rostros de la mitigación y de las pérdidas*

Posted on enero 22, 2010

*Por María Suárez Toro, Radio Internacioal Feminista, RIF

Los rostros de socorristas en las fotos que veo en los medios siguen siendo de mujeres, la primera línea de defensa y mitigación del desastre natural y social que vive Haití y que al fin, ha conmovido al mundo.

Las imágenes tienen rostro aunque no sepamos sus nombres. Ya ellas no las velo quietas. Mientras otros deambulan, ellas aparecen tapando rostros de los miles de muertos, recogiendo lo que se puede para alimentar a las ancianas y ancianos, niñas y niños que sobrevivieron, creando campamentos en cualquier claro de tierra o cemento que dejaran los escombros del terremoto. Y asistiendo con los primeros auxilios – a veces sólo con palabras cuando ven que es poco lo que se puede hacer ante la magnitud de las heridas y la ayuda que siempre llega tarde. Ellas no esperan – actúan – aunque se desesperen como todo el resto.

Sí, es cierto, no son solo ellas. Pero las resalto porque ellas son los rostros invisibles de la primera línea de mitigación, defensa y reconstrucción de la vida y la infraestructura. Cuando todavía no han llegado las brigadas de expertas y expertos en los diferentes tareas de mitigación, están ellas. Y aún cuando llegan las brigadas, siempre están ellas. Las que dan la información comunitaria porque fueron en centro de la vida comunitaria, las que brindan auxilio de todo tipo porque siempre han suplido lo que el estado ha abandonado o nunca cumplió: la educación, la salud, la atención a la vejez, la defensa ante la violencia de género, la del estado y la civil.

Ahora que no hay Estado en Haiti porque todo se terminó de derrumbar, ellas probablemente hasta gobiernan en los campamentos y colectividades que se juntan en cualquier rincón de la capital. Ya las hemos visto y las hemos escuchado en algunos medios y reportajes. Están en todos lados, hacen de todo y lo realizan en cualquier momento, son expertas en eso.

Haití: una nueva relación, una nueva mirada 

Es hora de volcar la mirada dónde pocas veces la hemos puesto. Muchas voces lo han dicho: tenia que estremecerse a la tierra para que la mirada del mundo se volcara hacia la nación más pobre del continente.

Es la más discriminada y a la vez históricamente la más preclara resistencia del continente durante tiempo de la primera ola de colonización europea y eurocentrista hace 500 años, ya que fue capaz de sacar al ejército de Napoleón en 1804 en una revuelta – también la primera – de esclavas y esclavos. Pasó a ser la primera nación en convertirse en República en el continente y la segunda en adquirir su independencia. Por ella en la región se inició la adopción de la Declaración de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa.

Tal vez las dos cosas van ligadas y no nos hemos dado cuenta en estos  tiempos de nuevos colonialismos: fin a la esclavitud e independencia. Es necesario pero no basta.

Hoy día Haití es la primera también. Pero en esta ocasión ocupa un primer lugar – que no es ningún elogio para su pueblo ni para el mundo. Es primera en índices de pobreza y de desarrollo humano. El 80% de la población des-vive con  el equivalente de menos de un dólar al mes y es desempleo afectaba antes de la catástrofe natural los índices catastróficos de 66% de la población.

A un poco más de 2000 años de independencia, Haití atraviesa otro momento histórico determinante al buscar liberarse del legado – también catastrófico – de la secuencia de regímenes dictatoriales alternados con ocupaciones militares de los Estados Unidos (1915-1934) donde Haití también figura de primero en los índices de brutalidad represiva, explotación y brecha entre ricos y pobres.

Hay que poner otra nueva mirada dentro de la mirada que hoy ponemos en Haití.

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Feliz año nuveo. por Frei Betto

Posted on enero 8, 2010

Feliz Año Nuevo a los artesanos de utopías, cuyas manos callosas desentierran girasoles de los pantanos de la ambigüedad; a las mujeres buscadoras de afectos recónditos, divas milagrosas del bien-amar gratuito; a los niños sobrevivientes en los corazones de todas las edades; y a los guardianes de silencios meditativos.

Feliz Año Nuevo a los magos de la delicadeza y a los que tejen lazos de cintas con las líneas del tiempo; a los auscultadores del rumor de ángeles y a los portadores de altivez luminosa montados en caballos de fuego.

Feliz Año Nuevo a los peregrinos de caminos desprovistos de oscuridad; a los buscadores de conchas en las playas solariegas de la saciedad ética; a los desatadores de nosotros en los pliegues del espíritu; a los heraldos de buenas nuevas y a los espantadores del infortunio.

Feliz Año Nuevo a quien se asoma a la ventana del alma para contemplar su propio amanecer; a los navegantes cuyas velas se mueven gracias al soplo del Espíritu; a los sembradores de horizontes translúcidos; a las bordadoras de ternura en el suelo pedregoso de nuestras desventuras.

Feliz Año Nuevo a los acampados en el vasto territorio de la insensatez, rehenes de egos inflados; a los acróbatas de extravagantes conjeturas, esclavos de sus altisonantes ilusiones; a los autores de la incongruencia cívica, inveterados jugadores del escarnio.

Feliz Año Nuevo a los corazones seducidos por el toque del amor divino; a los voluntarios de la generosidad, indicadores de caminos en las vías laberínticas de nuestros desaciertos; a los profetas inflexibles a la embriaguez de la rutina, intrépidos cultivadores de la esperanza.

Feliz Año Nuevo a los confiteros de dulces anuncios entre tantas desilusiones; a los artistas de la sobriedad, ajenos a las luces llamativas de la hipocresía; a los orfebres de la belleza preñada de densidad subjetiva; a los maestros de la sabiduría impelidos por la brisa suave impregnada de sabor a miel.

Feliz Año Nuevo a los filósofos desalfabetizados de erudición, atentos a los vuelos de la inteligencia para trascender la razón; a los adeptos a la mística vacía de imágenes y palabras; a los gitanos de Dios cuyos pasos recorren las sendas mistéricas de la amorosidad inefable.

Feliz Año Nuevo a quien se niega a proferir el discurso ácido de la designificación del otro; a los habitantes de aldeas líricas, en cuyo amanecer suenan cantos compasivos; a los eremitas del desconsuelo, alimentados por el Verbo que se hace carne; a los hábiles alpinistas de la imaginación, en cuyas artes la vida se transmuta en alegorías.

Feliz Año Nuevo a los cazadores de confidencias, atentos a los detalles de la gentileza; a los orfebres de la elegancia, cuyas palabras exhalan fragancias perfumadas; a los centinelas del asombro, agraciados por el don de identificar la vida como milagro; a los artífices de la fantasía, transustanciadotes de nuestras emociones más telúricas.

Feliz Año Nuevo a quien calla los despropósitos ajenos, incapaz de transformar la propia lengua en piedra de tropiezo; a los navegantes de devaneos románticos, embriagados de poesía; y a los arquitectos del futuro, dedicados al proyecto de la ceremonia nupcial de la libertad con la justicia.

Feliz Año Nuevo a los artistas de la insensatez capaces de imprimir a la vida carácter lúdico; a los aplicados caballeros de la filosofía de la risa, de los cuales emana el júbilo de vivir; y a los acongojados encendedores de luminarias, discípulos indignados de Diógenes.

Feliz Año Nuevo a quien trasiega a despecho de los pusilánimes, entregado a la osadía de reinventar la existencia después de cada fracaso; y al guardia del farol en pleno mar revuelto, cuyo haz de luz abre vías doradas en la superficie de las aguas; y a las mujeres de corazones acunados por la preferencia de Cupido.

Feliz Año Nuevo a los ojos vigilantes al ocaso ambiental, en los que las lágrimas serán resecadas por el hollín de chimeneas lucrativas; a los desenjauladores de pájaros, intrépidos pilotos de vuelos alucinados; y a los serviciales de la gratitud, militantes del altruismo compasivo.

Feliz Año Nuevo a quien tuvo un año infeliz, herido por dolores y lágrimas, empantanado por desesperanzas y sendas oscuras: Dios quiera que ahora pueda rescatar lo mejor de sí, religarse al Trascendente y hacer del amor la razón de su renacer a la vida. (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de “Un hombre llamado Jesús”, entre otros libros.

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