Sin verdad no hay justicia

Posted on junio 9, 2010

La fría noche del lunes 7 de junio, y el espectacular escenario que ofrece el Palacio de Cristal en el centro oriente de Quito, albergaron conciencias y emociones, removieron recuerdos y rabias largamente contenidas por familiares, amistades y compañeros de las 456 víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, ocurridas en Ecuador entre 1984 y 2008.

Sin verdad no hay justicia, titula el voluminoso informe presentado por la Comisión de la Verdad, que documenta casos de privaciones ilegales de la libertad, torturas, violencia sexual, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y atentados contra la vida.

Tal como otros países de América Latina, Ecuador fue víctima de un Estado que utilizó el terror como mecanismo de dominación política, económica y cultural. Su blanco fueron personas y organizaciones opuestas al proyecto de muerte, diseñado en la Doctrina de Seguridad Nacional, y ejecutado por las irónicamente llamadas “fuerzas del orden”, mayoritariamente bajo el régimen de León Febres Cordero. Durante los otros gobiernos que lo sucedieron entre 1988 y 2008, también se registraron casos de atropellos contra la dignidad humana.

La Comisión de la Verdad de Ecuador se creó por la demanda de un grupo de víctimas de violaciones de derechos humanos, que exigieron al Estado ecuatoriano una satisfacción adecuada de sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

Durante el proceso de investigación que llevó adelante la Comisión de la Verdad sobre las violaciones de derechos humanos efectuadas por agentes del Estado, surgieron varios nombres de personas vinculadas, directa o indirectamente, con estos hechos. La mayoría son miembros de la Fuerza Pública en servicio pasivo, tanto de la Policía Nacional como de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, varios se encuentran aún en servicio activo, e incluso ocupando cargos de alta jerarquía.

La presentación del informe constituye un homenaje a la valentía y generosidad de testimoniantes que aportaron a buscar la verdad para que se haga justicia. Porque, a decir del informe: “las consecuencias de las violaciones de derechos humanos como el dolor, el miedo y el sufrimiento de las víctimas y sus familias deben ser consideradas como parte de la historia del país, escuchadas por toda la sociedad y tenidas en cuenta en las políticas de reparación y reconstrucción de las relaciones sociales fracturadas por la violencia”.

“Esta casa debía estar llena de nietos” exclamó Pedro Restrepo, al invocar la durísima historia que ese 8 de enero de 1988, fracturó para siempre su vida y la de su familia con la desaparición, tortura y muerte de Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo Arismendi. Por ellos, y por cada una de las familias que aún los lloran, la Comisión de la Verdad “ha documentado su experiencia de dolor y resistencia, y con ello contribuye a la lucha contra la impunidad y a la defensa de los derechos humanos como parte de la cultura política que Ecuador necesita para que estos hechos no vuelvan a ocurrir”.

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