Si Correa no iba al Regimiento…

Posted on octubre 13, 2010

El pasado 30 de septiembre, Ecuador y una buena parte de gobiernos del planeta, constataron, con preocupación, hechos inusitados en nuestro país. Una sublevación generalizada, violenta y terminante de la tropa policial y algunos militares, caos en las ciudades y, finalmente, el intento de asesinato al Presidente. Hay varias interpretaciones de los hechos, unas de la oposición y otra oficialista. No todas las versiones coinciden  en la gravedad de lo sucedido y en las secuelas que trae para la sociedad ecuatoriana.

El llamado “periodismo independiente” y unos cuantos voceros de la derecha ecuatoriana, igual que alguna dirigente indígena, dicen que se trató de una sublevación policial por reivindicaciones salariales, conflicto que habría tenido un tratamiento mediocre por parte del gobierno, con el presidente a la cabeza. Todo fue culpa del gobierno. Los “independientes” dicen que lo del golpe de Estado es invento del gobierno y que nadie quería derrocarlo pues nadie encabezó la protesta desalmada de los policías. Por añadidura, se quejan, los medios vinculados a los poderes económicos, que hubo coartación de la libertad de prensa, debido a que, una vez en estado de excepción y por algunas horas, no les dejaron divulgar su “independiente” versión de los hechos y debieron permanecer en cadena con los medios públicos. Finalmente, dicen que el presidente y su impetuoso carácter, son responsables de lo que pasó en el regimiento y en el hospital policial.

El jueves 30 de septiembre, Ecuador fue testigo de interminables “coincidencias” a lo largo del día: paralización total de la tropa policial en todo el país; cierre de vías por vehículos policiales; atentados realizados por policías e infiltrados contra la ciudadanía; asalto al la Asamblea Constituyente y agresión selectiva a legisladores-as oficialistas; agresión violenta a periodistas de muchos medios de comunicación (lo que los autodenominados defensores de la libertad de prensa se han callado); toma y cierre de aeropuertos de Quito y Latacunga; madrugadores pedidos de renuncia al presidente desde partidos oportunistas como Pachakutik y MPD y tempraneros pedidos de amnistía para los sublevados desde voceros de partidos de oposición, la retención – secuestro del Presidente Correa en un hospital policial, y finalmente, el explícito y concreto intento de asesinato al Presidente. Además, cientos de heridos, golpeados y ocho personas fallecidas, casi todas por balas asesinas.

Estos son hechos, no interpretaciones, por tanto, cabe preguntarse lo que hubiese sucedido si el Presidente Correa, venciendo su arrebato, no hubiese ido al regimiento o si se retiraba luego de que su aparato de seguridad detectó que la cosa estaba color de hormiga en el regimiento Quito. Examinemos el escenario posible, aceptando que Correa se mantenía en la posición de no revisión de los pedidos policiales.

Si Correa no iba al Regimiento, en pocas horas, las ciudades, sus calles y plazas hubieran sido convertidas en un caos cada vez más violento e inseguro. Los asaltos contra la ciudadanía por pequeños y experimentados delincuentes, se habrían genealizado. La prolongada ausencia de la policía en las ciudades y, a falta de conflicto social, en el país se habría generado un escenario de grave inseguridad interna, que lleve a posiciones antigubernamentales radicales a las mismas Fuerzas Armadas. Del caos al derrocamiento del gobierno, era cuestión de horas.

Los “ideólogos” –nadie se traga la piedra de molino que fue un movimiento espontáneo- del caos que llevaría a condiciones para un golpe de Estado, nunca esperaron que el Presidente vaya en persona al regimiento. Ese hecho descuadró su plan. Apostaban a que las masas de servidores públicos, jubilados, estudiantes, trabajadores y ciudadanos, se sumen progresivamente, al descontento y al caos, todos a la zaga de la insurrección policial. De alguna forma, la tropa policial fue tomada como punta de lanza de un potencial movimiento social que derroque al presidente. Eso explica la virulencia de los elementos armados, vestidos de civil, que agredieron, criminalmente, a la ciudadanía y gente del gobierno. Apostaron a llenar las ciudades de espanto y a obligar al Presidente a firmar un compromiso que lo sometería –humillado- al absoluto allanamiento a las demandas de la oposición. Apostaron a que el caos tenga un nivel controlable solo con un estado de excepción y militarización total, con el as de que, en dicho escenario, los militares no acepten apagar el caos a sangre y fuego y, pidan que el Presidente renuncie.

Si el Presidente Correa no iba al regimiento, poco a poco, hubieran empezado a asomar las narices y los rostros los políticos de salvación nacional: gutierristas, guerreros de madera, socialcristianos y otros, incluyendo a los oportunísimos MPD y Pachakutik.

Si el Presidente no iba al regimiento, el advenimiento de un escenario de caos general hubiera sido cosa de uno o dos días pues, fue obvio que, esa misma mañana, en las calles, la ciudadanía no podía caminar tranquila y todo el mundo buscaba estar en casa. Los comercios pequeños y grandes se cerraron no por orden, sino por instinto de sobrevivencia. En pocas horas, el país entero fue paralizado, dejando todo el escenario para que comiencen a lucir los políticos, esos que ya sabían de la movida, porque para algo viajaron a Estados Unidos con el pretexto de defender la libertad de expresión. Si no, que el asambleísta Montúfar explique, por qué, al volver de la gira “patriótica” en USA, afirmó que harían procesos de bloqueo con las leyes en aprobación, para garantizar que nunca – nunca- se apruebe la ley de comunicación. Añadía, que la ley de comunicación, no pasará y no pasará, pues se podría recurrir a otros métodos para que no pase. ¿Genial premonición de Montúfar o sabía lo que se fraguaba?

La presencia de Correa en el Regimiento Quito se dio en un ambiente de hostilidad suprema y con policías tapados el rostro que aclamaban a Lucio Gutiérrez mientras, armados, golpeaban a la ciudadanía, a periodistas y a sus mismos colegas de la fuerza pública que no estaban con ellos y su plan del caos progresivo, violento y criminal. Si en el camino, las ciudades quedaban a merced de la delincuencia y la brutalidad de agresiones de ciertos policías y los infiltrados enmascarados, no importaba.

La presencia de Correa cambió el escenario de modo abrupto. Lo que debía ser un proceso de mediana duración, se precipitó de modo no planeado por los promotores. De buenas a primeras, sin querer, tuvieron la oportunidad de convertir en rehén al que querían lejos, derrocado, sin respaldo ni apoyo de nadie. Lo tenían a tiro y, en su falta de moral y ética, lo único que podían pensar era “firma nuestras demandas o muere”.

Si Correa no iba al Regimiento, seguramente, el final hubiera sido otro, pues el plan del caos progresivo hubiese tenido que enfrentar a una ciudadanía identificada, por muchas motivaciones, con el Presidente Correa y su gobierno reformista. La historia, las investigaciones y evidencias, permitirán aclarar el escenario que no imaginaron los golpistas.

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Por amor a la Patria

Posted on octubre 1, 2010

El amor mueve montañas, señala el adagio popular, y no está lejos de la realidad si  miramos lo sucedido en las calles de Quito el último día de septiembre de 2010.Hombres y mujeres -adultos y jóvenes- llenos de amor por la democracia, poblaron la Plaza de la Independencia, las inmediaciones del Regimiento Quito y del Hospital de la Policía, donde se encontraba secuestrado el presidente democráticamente electo.“Nos hemos enfrentado a bestias uniformadas, arriesgando nuestras vidas por amor a la libertad y a la igualdad. Somos pueblo, estamos muchos heridos y todos -sin duda- golpeados, pero con el corazón lleno de una sed de libertad”, relata un joven activista de una de las culturas urbanas que habitan la capital ecuatoriana.El fervor democrático, la pasión por participar en las decisiones que nos competen como pueblo, no es otra cosa que amor a la patria que habitamos, que construimos y que queremos sea cada vez mejor. Una patria en la que los derechos a la integridad física, a la libertad de expresión, a la libertad de circulación no sean vulnerados cuando los grupos de poder, escudados en las llamadas “fuerzas del orden”, deciden anteponer sus particulares intereses por sobre los de las mayorías y, lo que es todavía más patético, a cualquier costo.El amor a la patria también se manifiesta con la vigilancia, activa y sin condiciones, sobre el cumplimiento de los derechos de las personas, los pueblos y la naturaleza. El gobierno de Correa, en repetidas ocasiones ha atentado justamente, al derecho constitucional que tiene la gente de resistir y manifestar su descontento frente a la política extractivista que todavía prima en Ecuador, así como a otros aspectos relacionados con la construcción de leyes. La respuesta gubernamental -amparada en la acción policial y militar- ha sido la represión, lo que indudablemente, aleja al gobierno de la base social en la que debe sostenerse.Amar a la patria, por tanto, no es hacerse de la vista gorda frente a los pasos que un gobierno inteligente y abierto al clamor popular, debe dar. Nada justifica que los cuerpos policiales, encargados de velar por la seguridad de la población, atropellen y maltraten al Presidente, a su seguridad y al pueblo al cual se deben.El pueblo no necesita intermediarios. El pueblo es soberano y la Constitución le atribuye el derecho a revocar el mandato a los gobernantes que incumplan con su obligación de respetar y hacer que se respeten los derechos humanos, todos y cada uno de ellos. La Constitución no atribuye esta potestad de intermediación a las Fuerzas Armadas ni a la Policía, quienes deberían ubicarse y ser consecuentes con los principios de subordinación al poder civil.El amor a la patria no es algo lírico ni alejado del cumplimiento de los derechos y responsabilidades que a cada uno nos compete. Mandatarios y mandantes, pueblo civil y uniformados, cada quien -desde donde le corresponde- a fortalecer la democracia.

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