Ni ejército, ni minas a cielo abierto

Posted on diciembre 3, 2010

Costa Rica, el pequeño país centroamericano, se encuentra cruzado por signos de
compleja armonía. Si bien hace unos setenta años, luego de una guerra civil surgida por las
contracciones entre grupos de poder, en el escenario de la segunda guerra mundial y la crisis del café, luego del triunfo de la socialdemocracia liderada por José Figueres, se decretó la abolición del ejército. Costa Rica se declaró un país sin militares y una nación civil. Como una pequeña joya, vale conocer la declaración formal de esa abolición:

“El Ejército Regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este Cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural. La Junta Fundadora de la Segunda República declara oficialmente disuelto el Ejército Nacional, por considerar suficiente para la seguridad de nuestro país la existencia de un buen cuerpo de policía”. “Somos sostenedores definidos del ideal de un nuevo mundo en América”. A esa patria de Washington, Lincoln, Bolívar y Martí, queremos hoy decirle:¡Oh, América! Otros pueblos, hijos tuyos también, te ofrendan sus grandezas. ¡La pequeña Costa Rica desea ofrecerte siempre, como ahora, junto con su corazón, su amor a la civilidad, a la democracia!”

Costa Rica, así es una de las pocas naciones del mundo sin ejército, con uno de los más
eficientes servicios de salud pública y de alta calidad educativa. Los tres regímenes de
gobierno de “Don Pepe”, como algunos nombran a Figueres, se caracterizaron por acciones
represivas e incumplimiento del pacto con las fuerzas de izquierda, pero apuntaron a un
modelo diferente de desarrollo. En la lucha de las facciones dominantes, buscó sustituir
el poder oligárquico del café, por el predominio de una clase dinámica y modernizadora.
Nacionalizó la banca y estableció una nueva Constitución, que reconoce el bienestar social
como finalidad nacional. Lo que Eloy Alfaro hiciera en Ecuador, hacia inicios de siglo, la
separación de la Iglesia y el Estado, es fruto de esa época de la historia costarricense.

Figueres, es una figura polémica en Costa Rica, pues no solo no dudó en tomar las armas o
reprimir a los adversarios. Por un lado reformó y amplió la educación pública, reformó la salud, pero también persiguió y proscribió al Partido Comunista. Aún hoy se tienen dudas del origen de fondos para iniciativas públicas, tal como en la compra de fincas para, supuestamente, la orquesta sinfónica juvenil, y que, hasta la fecha, pasados 35 años, son manejadas por una fundación presidida por su hija Kirsten Figueres.

A José Figueres, cabe reconocerle un pensamiento comprometido con el desarrollo humano, pues dice en uno de sus libros: “Nos dolemos cuando los bosques se queman, o las tierras se erosionan, o los ríos fluyen sin producir energía. Lamentamos todo desperdicio de nuestros recursos naturales. Pero el mayor de los recursos, nuestro hombre, nuestro pueblo, solemos olvidarlo, y hasta desperdiciarlo”.

En la Costa Rica de nuestros días, hace poco, un alto tribunal de justicia acaba de sancionar
el cierre de una mina de oro a cielo abierto, la obligación de la empresa de restituir el bosque, un castigo para el Ministerio de Ambiente por haber permitido que se inicie la exploración a cielo abierto, y abrió una indagación a Óscar Arias (premio Nobel de la Paz 1987) porque en su gobierno se dieron estas irregularidades que violan la Constitución Nacional. Esto puede ser, también, en cierta forma, herencia de “Don Pepe”.

Ni minas a cielo abierto, ni ejército que consuma recursos inútilmente. Costa Rica y Figueres son un caso digno de estudio para quienes creen que es indispensable un modelo de desarrollo diferente al actual.

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Ni ejército, ni minas a cielo abierto

Posted on diciembre 3, 2010

Costa Rica, el pequeño país centroamericano, se encuentra cruzado por signos de
compleja armonía. Si bien hace unos setenta años, luego de una guerra civil surgida por las
contracciones entre grupos de poder, en el escenario de la segunda guerra mundial y la crisis del café, luego del triunfo de la socialdemocracia liderada por José Figueres, se decretó la abolición del ejército. Costa Rica se declaró un país sin militares y una nación civil. Como una pequeña joya, vale conocer la declaración formal de esa abolición:

“El Ejército Regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este Cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural. La Junta Fundadora de la Segunda República declara oficialmente disuelto el Ejército Nacional, por considerar suficiente para la seguridad de nuestro país la existencia de un buen cuerpo de policía”. “Somos sostenedores definidos del ideal de un nuevo mundo en América”. A esa patria de Washington, Lincoln, Bolívar y Martí, queremos hoy decirle:¡Oh, América! Otros pueblos, hijos tuyos también, te ofrendan sus grandezas. ¡La pequeña Costa Rica desea ofrecerte siempre, como ahora, junto con su corazón, su amor a la civilidad, a la democracia!”

Costa Rica, así es una de las pocas naciones del mundo sin ejército, con uno de los más
eficientes servicios de salud pública y de alta calidad educativa. Los tres regímenes de
gobierno de “Don Pepe”, como algunos nombran a Figueres, se caracterizaron por acciones
represivas e incumplimiento del pacto con las fuerzas de izquierda, pero apuntaron a un
modelo diferente de desarrollo. En la lucha de las facciones dominantes, buscó sustituir
el poder oligárquico del café, por el predominio de una clase dinámica y modernizadora.
Nacionalizó la banca y estableció una nueva Constitución, que reconoce el bienestar social
como finalidad nacional. Lo que Eloy Alfaro hiciera en Ecuador, hacia inicios de siglo, la
separación de la Iglesia y el Estado, es fruto de esa época de la historia costarricense.

Figueres, es una figura polémica en Costa Rica, pues no solo no dudó en tomar las armas o
reprimir a los adversarios. Por un lado reformó y amplió la educación pública, reformó la salud, pero también persiguió y proscribió al Partido Comunista. Aún hoy se tienen dudas del origen de fondos para iniciativas públicas, tal como en la compra de fincas para, supuestamente, la orquesta sinfónica juvenil, y que, hasta la fecha, pasados 35 años, son manejadas por una fundación presidida por su hija Kirsten Figueres.

A José Figueres, cabe reconocerle un pensamiento comprometido con el desarrollo humano, pues dice en uno de sus libros: “Nos dolemos cuando los bosques se queman, o las tierras se erosionan, o los ríos fluyen sin producir energía. Lamentamos todo desperdicio de nuestros recursos naturales. Pero el mayor de los recursos, nuestro hombre, nuestro pueblo, solemos olvidarlo, y hasta desperdiciarlo”.

En la Costa Rica de nuestros días, hace poco, un alto tribunal de justicia acaba de sancionar
el cierre de una mina de oro a cielo abierto, la obligación de la empresa de restituir el bosque, un castigo para el Ministerio de Ambiente por haber permitido que se inicie la exploración a cielo abierto, y abrió una indagación a Óscar Arias (premio Nobel de la Paz 1987) porque en su gobierno se dieron estas irregularidades que violan la Constitución Nacional. Esto puede ser, también, en cierta forma, herencia de “Don Pepe”.

Ni minas a cielo abierto, ni ejército que consuma recursos inútilmente. Costa Rica y Figueres son un caso digno de estudio para quienes creen que es indispensable un modelo de desarrollo diferente al actual.

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Ni ejército, ni minas a cielo abierto

Posted on diciembre 3, 2010

Costa Rica, el pequeño país centroamericano, se encuentra cruzado por signos de
compleja armonía. Si bien hace unos setenta años, luego de una guerra civil surgida por las
contracciones entre grupos de poder, en el escenario de la segunda guerra mundial y la crisis del café, luego del triunfo de la socialdemocracia liderada por José Figueres, se decretó la abolición del ejército. Costa Rica se declaró un país sin militares y una nación civil. Como una pequeña joya, vale conocer la declaración formal de esa abolición:

“El Ejército Regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este Cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural. La Junta Fundadora de la Segunda República declara oficialmente disuelto el Ejército Nacional, por considerar suficiente para la seguridad de nuestro país la existencia de un buen cuerpo de policía”. “Somos sostenedores definidos del ideal de un nuevo mundo en América”. A esa patria de Washington, Lincoln, Bolívar y Martí, queremos hoy decirle:¡Oh, América! Otros pueblos, hijos tuyos también, te ofrendan sus grandezas. ¡La pequeña Costa Rica desea ofrecerte siempre, como ahora, junto con su corazón, su amor a la civilidad, a la democracia!”

Costa Rica, así es una de las pocas naciones del mundo sin ejército, con uno de los más
eficientes servicios de salud pública y de alta calidad educativa. Los tres regímenes de
gobierno de “Don Pepe”, como algunos nombran a Figueres, se caracterizaron por acciones
represivas e incumplimiento del pacto con las fuerzas de izquierda, pero apuntaron a un
modelo diferente de desarrollo. En la lucha de las facciones dominantes, buscó sustituir
el poder oligárquico del café, por el predominio de una clase dinámica y modernizadora.
Nacionalizó la banca y estableció una nueva Constitución, que reconoce el bienestar social
como finalidad nacional. Lo que Eloy Alfaro hiciera en Ecuador, hacia inicios de siglo, la
separación de la Iglesia y el Estado, es fruto de esa época de la historia costarricense.

Figueres, es una figura polémica en Costa Rica, pues no solo no dudó en tomar las armas o
reprimir a los adversarios. Por un lado reformó y amplió la educación pública, reformó la salud, pero también persiguió y proscribió al Partido Comunista. Aún hoy se tienen dudas del origen de fondos para iniciativas públicas, tal como en la compra de fincas para, supuestamente, la orquesta sinfónica juvenil, y que, hasta la fecha, pasados 35 años, son manejadas por una fundación presidida por su hija Kirsten Figueres.

A José Figueres, cabe reconocerle un pensamiento comprometido con el desarrollo humano, pues dice en uno de sus libros: “Nos dolemos cuando los bosques se queman, o las tierras se erosionan, o los ríos fluyen sin producir energía. Lamentamos todo desperdicio de nuestros recursos naturales. Pero el mayor de los recursos, nuestro hombre, nuestro pueblo, solemos olvidarlo, y hasta desperdiciarlo”.

En la Costa Rica de nuestros días, hace poco, un alto tribunal de justicia acaba de sancionar
el cierre de una mina de oro a cielo abierto, la obligación de la empresa de restituir el bosque, un castigo para el Ministerio de Ambiente por haber permitido que se inicie la exploración a cielo abierto, y abrió una indagación a Óscar Arias (premio Nobel de la Paz 1987) porque en su gobierno se dieron estas irregularidades que violan la Constitución Nacional. Esto puede ser, también, en cierta forma, herencia de “Don Pepe”.

Ni minas a cielo abierto, ni ejército que consuma recursos inútilmente. Costa Rica y Figueres son un caso digno de estudio para quienes creen que es indispensable un modelo de desarrollo diferente al actual.

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Basta de parches, Haití demanda soluciones

Posted on diciembre 3, 2010

Parece que debe haber alguna maldición o conjuro que permita que en un espacio y tiempo tan reducidos se acumulen tantos males, tanto dolor y tanta muerte como sucede en Haití.

Pero las maldiciones no caen del cielo. Y lo que no cuenta la historia es que este país, de mayoría de población negra, fue el primero en proclamar la independencia en América Latina y el Caribe en 1804. Fue el primero en tener un presidente negro y el primero en abolir la esclavitud de los descendientes de africanos. Tamaño atrevimiento fue muy mal visto por Francia, la antigua potencia colonial, y luego por los Estados Unidos.

A través de la historia, las fuerzas norteamericanas han ocupado en varias ocasiones y durante años enteros Haití, e incluso han gobernado al país más pobre del continente americano. País considerado por el imperio y demás países desarrollados como inviable, es decir que no puede gobernarse por sí mismo y no puede desarrollarse por sí solo, entonces debe tener un tutor permanente: las fuerzas militares norteamericanas.

Además, en Haití también están presentes los Cascos Azules de Naciones Unidas, provenientes de distintos países, incluido un contingente de 66 ecuatorianos y varios nepaleses. A estos últimos se les atribuye haber llevado el virus del cólera a este país,  lo cual  no ha sido comprobado hasta la fecha.

Hace nueve meses un terremoto cobró la vida de 250.000 haitianos y dejó damnificados al menos a 2 millones, destruyendo también la ya de por sí pobrísima economía. A esto se sumó la devastación provocada por un huracán. Ahora es el turno del cólera, que ya mató a más de mil personas y miles más están contagiadas. La ONU estima que se necesitan unos 160 millones para afrontar esta epidemia. Pero la comunidad internacional se hace la desentendida y los fondos adjudicados son totalmente insuficientes.

La situación haitiana pone en relieve una vez más la moral que rige a las potencias y a gran parte de la cooperación internacional: poner parches que respondan a  golpes mediáticos. La prioridad de los países ricos no es apoyar la vida, sino proteger las utilidades. El salvamento de los bancos de los Estados Unidos por parte del gobierno norteamericano representa unas 4.000 veces lo que se requiere en Haití para combatir la epidemia del cólera. Y ante la dejadez de la comunidad internacional, la población haitiana se sigue muriendo como moscas.

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