1ro de mayo

Posted on abril 28, 2011

El 1ro de Mayo se celebra el día universal del trabajo. En esta fecha se recuerda en casi todo el mundo la matanza de cientos de obreros textiles de Chicago que luchaban por sus derechos. Excepto en el país donde ocurrieron estos hechos, los Estados Unidos, para que no haya un recuerdo oficial de esa fecha, el día del trabajo tiene lugar en otro mes.

En nuestro país, los afortunados que cuentan con un trabajo estable son pocos: una de cada 3 personas en edad laboral. Más de la mitad, en cambio, son subempleadas, es decir no tienen un trabajo estable y peor aún beneficios sociales. Ahí están las innumerables vendedoras y vendedores ambulantes, los artesanos de todo tipo, los limpiabotas, los jornaleros del campo, los trabajadores por obra y a destajo y un larguísimo etcétera. Y ni hablar de los ingresos: la casi totalidad de trabajadores informales gana menos del salario mínimo vital.

A pesar de que más de un millón y medio de ecuatoriano han salido del país desde la crisis bancaria, las cifras del empleo poco han  cambiado. Según el gobierno de Correa, actualmente el desempleo, que en años anteriores llegó a ser de alrededor del 10%, habría disminuido al 7% y señala este hecho como un gran logro de las políticas de su administración. Sin embargo, quedan serias dudas de como se obtuvo esta cifra y es evidente la cada vez mayor cantidad de informales. Basta con subirse a un bus urbano. Hace pocos  años, en un recorrido completo tal vez se subía un vendedor. Hoy en el mismo recorrido se suben varios vendedores, músicos, enfermos, supuestos miembros de  ONG de caridad, etc. Siguen sin verse los grandes proyectos del gobierno que iban generar muchas puestos de trabajo. A pesar de la prohibición de la terciarización, esta no ha sido erradicada e incluso se ha denunciado que sigue existiendo en varias instituciones públicas. Una consecuencia grave de esta falta crónica de fuentes de trabajo es el auge de la delincuencia. Las medidas tomadas no han dado resultados.

Una de las preguntas de la consulta, plantea la sanción a los patronos que no afilien a lESS a sus empleados. Aunque se trata de un derecho justo e incuestionable de los trabajadores, paradójicamente su aprobación podría implicar que se pierdan puestos de trabajo: en nuestro país no existe entre los empresarios una cultura de respeto hacia los derechos de los trabajadores. Además, la pequeña escala de muchos negocios, haría que varios microempresarios muy difícilmente estén en condiciones de pagar los aportes de todos sus empleados.

Entre un gobierno que no genera políticas para crear masivamente puestos de trabajo y un sector privado, siempre ávido de ganancias pero renuente a reconocer plenamente los derechos de los trabajadores, incluyendo con el coste económico que esto implica, en el Ecuador el derecho al trabajo seguirá siendo una ilusión mientras no cambie, realmente, la base productiva que genera empleo.

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¿Gobernar o apagar incendios?

Posted on abril 11, 2011

El papel de un gobierno democrático –cualquiera que sea el discurso de tarima- es conducir los procesos que promuevan y garanticen los derechos de las personas, de los pueblos y de la naturaleza. Es lo que acepta cuando se postula como candidato. Es lo que la gente elige con su voto en un proceso electoral. La Constitución lo dicta.

La tarea del gobierno es definir los caminos y las alternativas de cambio de aquello que, históricamente, estuvo funcionando de cierta forma para que se adecúe a condiciones de vigencia de los derechos. Gobernar es marcar un rumbo para que, en el caso de la salud, los centros y hospitales, políticas y programas de atención, sean tal como la ciudadanía espera y merece. Gobernar el derecho a la salud es dar cauce a la prevención, atención y recuperación de las dolencias de las personas. Gobernar la salud es abrir las posibilidades de vigencia de ese derecho, agotando las limitaciones que lo hacen declaración vacía y fortaleciendo las condiciones básicas para que sean garantías de fondo y forma. Gobernar no es apagar incendios con emergencias al “buen tun tun”, como dirían las abuelas.

El ministerio a cargo de la salud del pueblo o “salud pública” debe dirigir propuestas válidas, con sustento técnico, con visión estratégica y, si hablamos de democracia, con el aval de la participación de la ciudadanía. La antigua burocracia ha separado la gestión pública de la participación popular, bajo el argumento de que la rectoría es un asunto tecnocrático y político. Hoy, luego de la Constitución 2008, a nadie, medianamente informado, sabe que la gestión pública sin participación, es un simulacro de democracia, es seguir marchando en el mismo terreno de la historia, sin avanzar. La participación hace la diferencia.

La participación social en salud es o no es. Simple y contundente, la participación no puede estar sujeta a los eventos adversos o especiales coyunturas como la muerte de neonatos o la inauguración de un hospital. Ni siquiera la consulta popular en marcha, puede sustituir a la participación de la población en el conocimiento, debate, decisión, control y evaluación de todos los problemas, TODOS LOS PROBLEMAS, de la salud. Participación no es amontonar gente a escuchar discursos de orden o informes desde la parte interesada en crear adherencia ciudadana.

La participación real, cotidiana, con mecanismos claros y explícitos, tiempos y lugares, es el único camino por el cual la burocracia encargada de la salud puede encontrar soluciones y propuestas ante los problemas y las protestas. Gobernar es abrir diálogo en cada parroquia y en cada cantón para informar y recoger luces para definir estrategias. Sin participación no hay solución real pues, sin la palabra de la gente, solo se escucha la palabra de la burocracia que es el eco de los políticos de turno. La participación de la población es una de las recomendaciones en el Informe de la Defensoría del Pueblo del Ecuador, luego de la investigación en veintiocho hospitales del país.

Hay otras necesidades inaplazables para la salud pública del Ecuador, como la construcción de la red de salud integral con una amplia, efectiva y consolidada red de nivel primario que, asegura y garantiza condiciones para el funcionamiento adecuado, oportuno y de calidad del nivel hospitalario. Los parches hospitalarios no resolverán una crisis que viene de abajo y de adentro de la estructura de servicios de salud. Gobernar implica convocar, abrir diálogo con la gente que tiene derechos y derecho a decir, a esperar y soñar con un presente de democracia participativa.

El gobierno para cambiar la historia de la salud es posible con participación ciudadana y con visión de conjunto. De eso, lamentablemente, las emergencias del actual gobierno, no dan cuenta. ¿Hasta cuándo?

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