Yo Facundo he muerto

Posted on julio 12, 2011

Yo, el que llamaron Facundo
he muerto.
Por dieciséis agujeros se escapó mi vida.
Les cuento, de esos dieciséis agujeros unos eran tan viejos como mi propia vida.

Está, haciendo cuenta, el agujero de mi padre. Desapareció de pronto, allá en mi infancia. Mi padre no fue mi padre, apenas depositó la gota de semen necesaria para dar partida a mi vida; hasta ahí llegó, no pudo más, pequeño hombre, hombre pequeño, la paternidad le era ajena. Hay que entender, no era un problema de pobreza, era que la paternidad, ser padre, no le era posible.

Ahí el agujero uno. Luego estuvo el agujero del hambre. Ustedes, los del estómago lleno, los que apenas pueden diferenciar entre sus apetencias, tienen idea de lo grande que puede ser en un ser humano, mas aun en un niño, el agujero del hambre?

Luego el agujero de las palabras. Ese, felizmente lo fui cubriendo. Pero, seguramente lo saben, el agujero de las palabras es infinito y ese sí, no se sacia nunca. ¡Felizmente! ¡Felizmente! Porque son las palabras las que portan el mensaje humano, de esas nunca tuve suficientes…

Mas agujeros; uno atraviesa mi mano. No es que con esto me eleve a crucificado, no. Solo quiero apuntar: la mano, aquella con la que estrechaba las manos hermanas, la que servía para rasgar la guitarra, la que levantaba la copa de vino, con la que alguna vez acaricié a mi amada, esa porta ahora otro agujero.

Hay agujeros en cada cuenca de mis ojos. Si, estaba un poco ciego, en fin… Esos ojos buscaron luz, color, sonrisas, a veces hasta besaron. Puesto que se puede besar con los ojos, y alguna vez lloraron o se indignaron ante la injusticia. Eran mis ojos, con los que los miraba a ustedes amigos, mis ojos son ahora otros dos agujeros.

Hay tres agujeros en mis entrañas. A mis entrañas llegaba la vida, allí, la vida se convertía en emociones. De mis entrañas salían mis canciones. Entrañable intercambio entre mi ser y el mundo, esas entrañas no solo devoraban y defecaban, desde ahí surgía mi canto, ahora ahí tengo tres agujeros mas.

Hay un agujero en mi garganta, curiosamente, de todos es el más pequeño. Dirán ustedes ¿¡cómo?! Y,… tal vez cantaba, pero serán mis palabras las que perduren y será vuestra memoria la que se ocupe de eso.

Hay dos agujeros en mi frente. Uno de ellos es un beso de Víctor Jara. Si, en el último momento vino el cantor y me besó la frente. Ven, dijo, tú eres uno de los míos, tú serás para siempre de los inmortales. Nos hacen ese favor los asesinos. No saben, cuando lo hacen, cuando nos asesinan, que después de eso ya, para nosotros, no habrá olvido.

El otro fue un picotazo de Quetzal.  No fue agresión, más bien se sintió como un lamento, como llanto, casi como el relincho del caballo que está en el centro del cuadro de Pablo, el que pintó después de que el horror cayera sobre el pequeño pueblo vasco…

Llevan la cuenta? Faltan cuatro… Ahí están, todos en el corazón. Hay uno por Guatemala. Guatemala hermana y mártir, lleva ahora el estigma de mi muerte. Guatemala hermana, mártir lleva ahora la carga de la vergüenza. En Guatemala cayó, calló el cantor. Ojalá que Guatemala encuentre de nuevo su voz, su timbre, su orgullo, su risa… Por ahora carga con mi muerte… Yo que le cantaba a la solidaridad, a la vida, cantaría ahora por Guatemala.

Otro de los cuatro agujeros del corazón está ahí por todos los muertos que no son Facundo. Por todos los latinoamericanos que cada día son asesinados sin que importe a nadie, porque son latinoamericanos mugre, indios sin apellido, gente chingada, peones baratos. ¿Saben lo que es ser chingado, quien es el chingado? Es el ser humano del que se abusa siempre, el que se reduce a bestia, el que no cuenta, el que siempre es feo y apesta, en fin, cualquier latino que no tiene la suerte de ser fecundo como yo, Facundo.

¿Como no tener un agujero en el corazón por esos hermanos míos en la muerte?

El penúltimo agujero lo ocupa mi América. América, América como un inmenso jardín…cantaba Nino; un jardín donde la injusticia todavía campea, donde se asesina a mansalva y peor, donde cualquiera mata y no por hambre – yo la tuve -, mata por falta de principios, por exceso de ignorancia, por avaricia… Mi agujero numero quince está lleno de mi América.

El último agujero de mi corazón va por ti amigo, hermano…

Yo, Facundo, he muerto…

No me lloren, solo estaré realmente muerto si ustedes me olvidan.

 

 

 

Marta Donoso Ll.

Julio, 11, 2011

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Orgullo GLBTI

Posted on julio 7, 2011

A propósito de que en estos días el mundo festeja, con marchas, foros y otras manifestaciones
públicas, el orgullo GLBTI (gays, lesbianas,bisexuales, transgénero e intersexuales), vale la pena
una reflexión sobre el tema.

En la antigüedad, muchas culturas como la griega, la egipcia y numerosas culturas indígenas
de nuestro continente veían al homosexualismo y al lesbianismo con naturalidad y por lo
tanto, no sufrieron ni la condena ni la persecución de la sociedad.

Sin embargo, al desarrollarse las religiones monoteístas en el mundo, principalmente la
cristiana y la musulmana, comienza la discriminación y persecución del homosexualismo. Fue
considerado como un pecado, una desviación grave de lo “normal” y que por lo tanto debía
ser perseguida y condenada. Con la conquista de América y la imposición de la religión católica
en el continente, la homosexualidad es perseguida y condenada. Numerosos homosexuales y
lesbianas murieron en las hogueras de la Santa Inquisición por el pecado de serlo. En el siglo
pasado, los nazis asesinaron a miles de homosexuales en los campos de exterminio. Hasta
hace pocos años en el Ecuador, el homosexualismo era un delito y en varios países lo sigue
siendo. En nuestro país recientemente se reconoció la unión libre de las parejas del mismo
sexo, aunque todavía no existe el matrimonio entre ellas.

A pesar de los avances en el reconocimiento de algunos derechos de homosexuales y
lesbianas, aún persisten en nuestra sociedad muchos prejuicios en contra de los miembros de
esta comunidad, como creer que su identidad sexual es una enfermedad, una anormalidad o
un objeto de burla. En el Ecuador no son raros los casos de crímenes de odio, especialmente
contra las personas transgénero. Mucha gente, incluidos a menudo los propios familiares de
los homosexuales, se niegan a reconocer que se trata de la identidad sexual, algo inherente
a las personas, y que por lo tanto, no hay que rechazar, condenar o tratar de cambiar sino
aceptar y respetar.

En nuestro país son cada vez más los homosexuales y lesbianas que han decidido dejar
de ocultar ante la sociedad su identidad sexual y que con valentía, convicción y orgullo la
afirman. Asimismo, cada vez están más organizados para reclamar sus derechos sexuales y
reproductivos como parte del resto de derechos humanos. Llevan adelante una lucha larga,
difícil, contracorriente de la sociedad y sus instituciones, porque saben que su causa es justa y
que ante todo son seres humanos sujetos de derechos.

Es tiempo de que el Estado genere políticas públicas favorables al reconocimiento de la
diversidad sexual y que dentro de sus instituciones se destierren y sancionen los tratos
discriminatorios y degradantes contra este sector de la sociedad, como son los maltratos
policiales a gays, lesbianas y transgéneros. Es tiempo de que la sociedad en su conjunto
descarte sus propias inseguridades e hipocresías, y aprenda a convivir con lo diverso como una
oportunidad de enriquecimiento mutuo.

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