“No hubo golpe”, solamente…

Posted on septiembre 29, 2011

No hubo golpe de estado, el 30 de septiembre de 2010, en Ecuador, se lee y se oye…

“No hubo golpe”, solamente hubo, a la misma hora y fecha, una serie de actos contra la seguridad de la
ciudadanía y la estabilidad del gobierno. A la misma hora, comenzó una huelga general de los policías
en todo el país. Dejaron su trabajo en calles, parques, plazas y retenes, para concentrarse, cerrar calles y
agredir a la ciudadanía. El motivo fue una ley que movía las prebendas y condecoraciones. La meta, que
el gobierno recule y cambie esa ley. “No hubo golpe” pero miles de pasquines llamaban a la tropa contra
sus autoridades y contra el gobierno, semanas previas al día 30.

“No hubo golpe”, pero desde antes de la hora, los grandes medios de comunicación (grandes por su
tamaño), tenían la certeza de que algo importante, no cualquier noticia, se venía y movilizaron su
equipo completo, con antenas microondas y múltiples equipos de reporte televisivo, estaban en lo que
serían los centros de acción del 30 de septiembre.

“No hubo golpe”, solamente, como a las 8 de la mañana, un pelotón de sublevados de la fuerza aérea,
se tomaron el aeropuerto de Quito, con letreros pre fabricados, impidiendo cualquier operación aérea.
A la misma hora, en una de las principales avenidas de Guayaquil, la máxima dirigencia del MPD, junto
con los policías sublevados en la misma camioneta, cerraban el tránsito y constriñeron a estudiantes
para que se sumen a la protesta. Avanzado el día, en un hotel de Quito, los líderes de oposición, entre
trago y trago, sopesaban la marcha de la protesta y monitoreaban el “no golpe de estado”.

“No hubo golpe”, pero a las 8 de la mañana, más o menos, un sector del ejército, se sumaba a la
protesta y en el comando conjunto no hubo posibilidad de un pronunciamiento inmediato. Era una
protesta de manos caídas, expectante, dispuesta a crecer y convertirse en presencia decisoria según los
acontecimientos. No hubo golpe, solamente, a las 8 de la mañana, más o menos, la Asamblea Nacional
fue bloqueada por la guardia legislativa y algunos asambleístas ex miembros de las fuerzas armadas,
daban indicaciones a la guardia para que no entren ciertas personas a sus oficinas. Y, de paso, agredían
de palabra y obra a las personas afines al gobierno.

Ese día, que “no hubo golpe”, decenas de grupos de encapuchados y armados, mezclados entre
policías uniformados, incitaron a la violencia, agredieron a las personas afines al gobierno y a quienes
cuestionaban su protesta armada y violenta. Actuaron junto con policías uniformados, que, sin
vergüenza, agredían, disparaban bombas y balas contra la gente que comenzó a manifestarse contra
su acción. No hubo golpe, solamente, a las 8 de la mañana, más o menos, en las ciudades comenzaron
saqueos, asaltos y robos a la población que circulaba. La sublevación y el “no golpe”, puso en riesgo la
seguridad, integridad y vida de la gente en todo el territorio nacional. Caldo de cultivo para un golpe.

Esta cadena de “coincidencias”, sin mentores reconocidos, son hechos, no inventos. En cada ciudad,
en cada pueblo, se forjó una situación que, rápidamente, hubiese sido insostenible para forzar
cambios, para “matar al presidente para acabar el proceso de cambio”. Escenario para que aparezcan
las intenciones de los partidos de oposición que, desde el pedido de “rectificaciones” empezaron a
demandar la renuncia del presidente y la amnistía para los insurrectos.
“No hubo golpe”, se oye y se lee, pero éste era el único escenario posible el 30 de septiembre de 2010.
Los mentores anónimos esperaban una reacción como la que derrocó a gobernantes anteriores y

pensaron que no había un presidente que se exponga en vez de esconderse o de huir atropelladamente.
No hubo tal, la muchedumbre marchó por la defensa de un gobierno democrático y por rescatar a un
presidente retenido en un cuarto de un hospital rodeado de policías y civiles dispuestos a matarlo.

“No hubo golpe”, solo que el presidente de Ecuador, presidente elegido y en funciones, sufrió
vergonzosas agresiones, verbales, insultos públicos, golpes e intentos de asfixiarlo, por parte de policías
descontentos y, luego, de reales intentos de asesinato utilizando armas de dotación y rompiendo
todo sentido común de respeto. “No hubo golpe”, solamente decenas de policías dispararon contra el
hospital, contra la gente y contra el vehículo del presidente cuando salía, en un necesario rescate contra
una retención de policías transformados en matones de triste recordación. Más de 200 heridos y una
decena de muertos, pero “no hubo golpe”, repiten los locutores y locutoras, los titulares y los voceros
de los opositores. Este supuesto “no golpe” indigna y duele.

“No hubo golpe”, aseguran los medios privados de comunicación, aseguran comunicadores y
comunicadoras, porque no hay un acta firmada por los complotados que lo diga. “No hubo golpe”,
siguen diciendo, porque ningún juez ha sentenciado que sí fue ni ha identificado a los mentores.
¿Ingenuidad, contubernio o bobería?

En honor a la historia, hay que reconocer que, por encima de las insuficiencias y continuismos del actual
gobierno, de su simbólica apertura a la participación social como estrategia de la democracia, su gestión
cambia el rumbo de un Estado mascota de las clases dominantes a un Estado de derechos. Este cambio
de timón en el gobierno, reformas mínimas necesarias para una real revolución, no es tolerable por los
grupos que detentaron el poder por décadas ni por sus lacayos de partidos políticos desprestigiados
y corroídos y tampoco, por una oposición que antepone sus intereses electorales a la lucha con los
sectores sociales. Esto explica el 30-S y el supuesto “no golpe de estado”.

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Libia: dictadura familiar y piratería moderna

Posted on septiembre 26, 2011

Es poco deseable que una sociedad se mantenga bajo un mismo gobierno durante décadas. Es peor que no sea un gobierno colectivo, de un frente de organizaciones, sino una sola persona-familia erigida como administradora de la nación. Es triste que las riquezas de un país como Libia, inmensas en petróleo, gas, metales preciosos, sean administradas por el mismo grupo de poder por décadas. Es peor que una invasión multinacional se produzca para propiciar un reparto de esas fuentes de riqueza entre los que financian la invasión, sobre un escenario de muerte y destrucción.

La monarquía y la dictadura, el gobierno de una familia por años, otra forma de monarquía, se convierten en la antítesis de la democracia y en un remedo de sociedad participativa. Esta forma de convivencia es un contrasentido al desarrollo de los pueblos porque desconoce y desprecia al conjunto de personas que, por el avance de la educación, ciencia, tecnología y comunicaciones, pudieran bien y mejor ejercer un gobierno.

Libia ha tenido, desde hace cuatro décadas, ese tipo de gobierno unifamiliar, donde un “líder” y su familia, con una rueda de relacionados pertenecientes a la cúpula militar, desde 1969, maneja, decide, controla, gestiona, compra, vende y usa los bienes del país. El alineamiento de Gadafi y su gobierno con varias ideologías, entre ellas el socialismo y el panarabismo, le dan un sentido rebelde y revolucionario a su gestión, expuesto en el “Libro Verde” que proponía una democracia tribal, directa, de representación territorial y étnica, sin partidos políticos, sino mediante una asamblea popular. Este gobierno nacionalizó recursos, favoreció los derechos de las mujeres, desarrolló el agro y propició un alto crecimiento económico. No hay duda del desarrollo social que hubo en Libia y que, era un punto de confrontación con el modelo capitalista. Eso explica que, en 1986, el gobierno de Estados Unidos  intente asesinarle con un bombardeo a Trípoli en el que falleció una hija de Gadafi, pero no logró el cometido de terminar con su vida y su gobierno.

En los últimos meses,  y como parte de la ola de rebeliones en la región, se produjo un fuerte levantamiento militar y político contra el régimen de Gadafi, gobierno que respondió a sangre y fuego  desatando una guerra interna dolorosa e inaceptable. Esta coyuntura  fue aprovechada de inmediato por los países más poderosos del planeta, comandados por el régimen estadounidense y aupado por las transnacionales que saben que es su oportunidad de  extender su control sobre todo lo que produce riqueza en el planeta. Una verdadera incursión de piratería moderna, multinacional, bendecida por la ONU, se gestó con armas modernas, bombardeos y muerte de población civil. En la guerra interna se produjo el desbalance con una poco decente y aceptable injerencia externa.

No es aceptable la concentración del poder político y militar de un país en las manos de un grupo económico y tampoco en manos de una sola familia y sus allegados. La injerencia política y militar en los asuntos de una nación, justificada por una conmoción interna y motivada por la potencial apropiación de recursos naturales, tampoco es aceptable.

Entre la piratería moderna y la dictadura de una familia, quedan miles de familias libias que lloran sus muertos y la destrucción del país, en medio de la cual, sobrevendrá la repartija de los vencedores.

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Otra victoria simbólica

Posted on septiembre 26, 2011

Cuando el presidente de la Autoridad Palestina decidió ir a las Naciones Unidas para solicitar la admisión de Palestina como miembro de pleno derecho, parecía haber pasado por una epifanía. ¿Había finalmente comprendido que durante las últimas dos décadas él y su partido Fatah iban por un camino que no llevaba a ninguna parte? ¿Que Israel solo está interesado en él como conducto para lograr su objetivo colonial en el restante 22% de la Palestina histórica? ¿Que su proyecto nacional –basado en el siempre evasivo proceso de paz- no conseguía ni la paz ni la justicia?

Abbas afirma que esta vez va en serio. A pesar de todos los intentos de intimidación por parte de EEUU (por ejemplo, amenazándole con retirarle la financiación), y a pesar de la intensificación de las tácticas israelíes (incluidas nuevas armas para que los ilegales colonos judíos combatan la posible movilización palestina en Cisjordania), fue sencillamente imposible persuadir a Abbas de que no intentara integrar a Palestina como miembro de las Naciones Unidas este septiembre.

Durante meses, los intelectuales, historiadores, expertos juristas y académicos palestinos han advertido contra el azaroso y poco estudiado movimiento de Abbas. Algunos han defendido que si su aventura en las Naciones Unidas responde a una maniobra táctica, sus repercusiones legales pudieran ser demasiado graves como precio a pagar a cambio de muy poco o de nada. Si “Palestina” sustituye a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) –actualmente reconocida por las Naciones Unidas como la única representante del pueblo palestino-, entonces los palestinos se arriesgan a perder el único órgano unido que tienen en común (su sustitución representaría tan solo a los dos millones de palestinos de la ocupada Cisjordania).

La OLP, que durante décadas sirvió de baluarte de la lucha nacional palestina, continúa existiendo hoy, pero solo en teoría. La AP, que se fundó en 1994 como autoridad transitoria para supervisar una transición palestina a la estatalidad, ha secuestrado y debilitado, lenta pero decididamente, las instituciones de la OLP.

Es más, la misma AP no tiene ni legitimidad ni credibilidad. Lo que queda de la segunda lo perdió durante la guerra israelí contra Gaza y con la publicación de los llamados Papeles de Palestina por Al-Jazeera y el Guardian. Los documentos mostraban que los mismos individuos que ahora se han puesto al frente del intento por la estatalidad palestina en las Naciones Unidas colaboraban regularmente en otro tiempo con Israel para aplastar a la resistencia palestina. Ayudaron a Israel a socavar la democracia palestina, a aislar al movimiento democráticamente elegido de Hamas, a traicionar el derecho al retorno de los refugiados, y lo que es peor, a despojar a los palestinos de cualquier soberanía significativa en la ocupada Jerusalén.

En cuanto a su falta de legitimidad, el asunto no necesita de documentos filtrados. De hecho, el rechazo de Fatah a aceptar los resultados de las elecciones de 2006 llevó a las circunstancias que acabaron en una guerra civil en Gaza. El asedio de Gaza (consecuencia directa de las elecciones y de la guerra civil) continúa sirviendo por igual tanto a Israel como a la AP. Esta última está funcionando en Cisjordania sin un mandato popular, sobreviviendo de las limosnas internacionales y de la coordinación con el ejército israelí en el área de la seguridad. Incluso ha expirado el mandato de Abbas como presidente de la AP.

Todo esto plantea una cuestión urgente: ¿Cómo puede una autoridad que carece de legitimidad jurídica como representante del pueblo palestino asumir un papel que podría cambiar el curso de todo el proyecto nacional palestino?

Una opinión jurídica filtrada por el profesor de derecho de la Universidad de Oxford Guy Goodwin-Gill advertía de las consecuencias legales de la propuesta de Abbas, incluida la marginación de la OLP. Goodwin-Gill intentó “atraer la atención sobre cuestiones que requieren mucha reflexión, como sería que una proporción sustancial del pueblo palestino pudiera verse accidentalmente privada de sus derechos”. Un tema igualmente preocupante es la historia de la AP de actuar de forma que contradice los intereses del pueblo palestino. Años en tal sentido han dejado a la mayor parte de los palestinos con mucha menos tierra y los derechos en gran medida también recortados. Por otra parte, un pequeño segmento de la población palestina ha prosperado. Evidentemente, los nuevos ricos de Palestina están todos afiliados a la AP, Fatah y a unos pocos en el estrato superior.

Esta injusta situación habría fácilmente continuado si no hubiera sido por la denominada Primavera Árabe, que empezó a demoler el statu quo que gobernaba en los países árabes. El corrupto régimen de Abbas era también miembro del enfermizo aparato político árabe. Su existencia, como la de otros, se impulsaba mediante el apoyo de EEUU y otros países de Occidente. Para evitar que la ira estallara en Palestina y en la región, el liderazgo palestino se vio obligado a presentarse a sí mismo como rompiendo el viejo paradigma.

Es más, según Joseph Massad escribió en Al-Jazeera, “la AP se siente abandonada por EEUU, que le asignó el papel de colaborador con la ocupación israelí, y se siente atascada en un ‘proceso de paz’ que no lleva a parte alguna. Los políticos de la AP optaron por el voto en las Naciones Unidas para forzarle la mano a los estadounidenses y a los israelíes, con la esperanza de que un voto positivo garantice a la AP más poder político y apalancamiento para aprovechar al máximo su dominio en Cisjordania”.

Las razones tras la tentativa de la AP por la estatalidad fluctúan entre la política táctica (que implicaría a Israel y EEUU) y el intento de desviar la atención de sus propios fracasos. La política elitista ignora casi completamente al pueblo palestino. Si los palestinos le importaran realmente a Abbas, habría empezado por unificar las facciones palestinas, revigorizando a la sociedad civil (en lugar de sofocarla) y poniendo en marcha el proceso necesario para reformar la OLP (en lugar de destruir su tan duramente ganada legitimidad internacional).

En efecto, el pueblo palestino está harto de victorias simbólicas. Puede que a Abbas y a sus hombres les hayan garantizado toda la parafernalia del poder, pero no han logrado recuperar ni un centímetro de la Palestina ocupada, bien al contrario.

tomado de: rebelion.org

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=136318&titular=otra-victoria-simb%F3lica-

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