Otro ordenamiento latinoamericano es posible

Posted on junio 15, 2012

La cuadragésima segunda asamblea de la Organización de Estados Americanos, OEA, realizada recientemente en Cochabamba, Bolivia, dejó en claro que esta instancia continental  está en crisis.  Los presidentes de Ecuador, Venezuela y Bolivia son actualmente los principales críticos de este organismo, debido a que a través de su historia ha servido como instrumento político para defender los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica, ya que no responde a la realidad actual de la región.

La OEA, creada durante la época de la guerra fría bajo presión de los Estados Unidos, expulsó de su seno a Cuba a principios de los años 60 y nunca más se le permitió su reingreso. A través de su historia, varios gobiernos latinoamericanos, sobre todo de izquierda, han sido sentados en el banquillo de los acusados.

Esto nunca ha ocurrido con  los Estados Unidos, a pesar de las atrocidades y crímenes cometidos en varias guerras que ha propiciado por todo el mundo. A pesar también de ser el autor intelectual, y de haber apoyado a casi todas las dictaduras sanguinarias en América Latina y de otros continentes. A pesar de haber impuesto en esta región el terrorismo económico de los programas de ajuste y privatizaciones, a través de su gobierno, secretaría de Estado, embajadas u organismos bajo su control, como el FMI y el Banco Mundial. Estos programas sumieron a la mayoría de la población de nuestra patria grande en la pobreza y la desesperanza y  paralizaron el desarrollo de nuestros países durante al menos veinte años, los años 80 y 90 de siglo pasado, las dos décadas perdidas.

El contexto internacional que vivimos actualmente, en el cual varios gobiernos latinoamericanos han optado por no alinearse con los intereses de los Estados Unidos  ni seguir siendo su alfombra, es muy distinto al que caracterizó la creación de la OEA, por lo cual es necesaria una redefinición y adaptación de las funciones que debe cumplir la organización para cubrir las necesidades regionales.

Además, en años más recientes, se han creado otras instancias de integración adaptadas a los nuevos tiempos y a las necesidades de los países de la región como son la UNASUR, el ALBA y el CELAC. Por eso, se ha planteado que la OEA debe reinventarse o desaparecer. Ya no debe seguir siendo un instrumento al servicio de los intereses de los Estados Unidos, sino un espacio en que las naciones participen en condiciones de justicia e igualdad, por más pequeñas y pobres que sean.

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