Una piedra en la sandalia

Publicado el Noviembre 15, 2010

La Misión Carmelita, presidida por Monseñor Gonzalo López Marañón, representante de la Iglesia Católica en Sucumbíos, provincia fronteriza norte de Ecuador, fue retirada de la zona por decisión de la jerarquía católica. Hace pocos días se efectivizó esta remoción, de forma abrupta y sin respeto a una institución de sólido compromiso humano y cristiano.

La decisión del alto mando católico, tomada sin mediar diálogo alguno, tomada entre pasillos de los palacios arzobispales, adornados con cortinajes y oropeles, deja fuera de Sucumbíos a quienes pusieron una vida entera al servicio de las comunidades. El compromiso de la Misión Carmelita se concretó en la paciente construcción de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos, ISAMIS, desde las realidades, sueños, culturas  y mil derechos insatisfechos de la población de la frontera colombo ecuatoriana. ISAMIS o “…no basta con rezar”, es lo mismo.

ISAMIS, con Monseñor Gonzalo al frente de un gran equipo de religiosos, religiosas y laicas y laicos, agrupados en una serie de proyectos y oficinas de pastoral social, busca, junto con la gente, la solución a los problemas sociales que el Estado liberal de las últimas décadas, dejó abandonados de manera inmoral. Mientras extrajo miles de millones de dólares por el petróleo de la zona, condenó a las familias nororientales a la pobreza y carencia de servicios básicos, condimentada con la peor contaminación ambiental de las grandes transnacionales.

ISAMIS ha sido y es  fiel a la gente y sus conculcados derechos. No pacta con militares ni políticos, ni con petroleras ni madereras, no se acomoda a los moldes ni intereses del poder económico ni a las presiones de otros actores sociales. Como muestra, hacia 1993, luchó, junto con varios organismos de derechos humanos, hasta la liberación de las “Once del Putumayo”, once inocentes personas inculpadas y prisioneras por un ardid de ciertos militares con el apoyo del ministro Gallardo. Otro botón, el innovador y humanizado servicio a la población refugiada de Colombia por causa de su guerra interna.

ISAMIS forja identidades y conciencia en la gente de Sucumbíos, sin reverencias inútiles ni fastuosidad. Sencilla y humana es la vocación de ISAMIS, con virtudes y defectos, como todo lo humano. ISAMIS siembra en una tierra compleja y en una época plagada de amenazas para la vida. ISAMIS distingue entre lo necesario, lo importante y lo urgente con los ojos y el corazón de la gente empobrecida, no con los lentes del poder y la jerarquía. ISAMIS, con dificultades y limitaciones, trabaja por la equidad de género y los derechos de las mujeres.

ISAMIS, humilde –apostólica- y comprometida, es una fuerza que cuestiona, es historia-pregunta viva que deja sin respuesta a los emisarios vaticanos que solo atinan a remover a lo que nos les calza. ISAMIS resulta una piedra en la sandalia de seda de los jerarcas del Vaticano y de su sede nacional. Como toda piedra, era incómoda y un estorbo para el caminar pausado, casi quieto, de la Iglesia Católica anclada en los dorados vericuetos medievales.

La remoción de ISAMIS deja al descubierto el doble discurso de la jerarquía católica: por un lado predica conciliación, diálogo y consenso para la sociedad y las autoridades, mientras casa adentro ejerce indolente la fuerza del orden pontificio y jerárquico, sin diálogo ni consenso, exige mansa obediencia, sobre todo, cuando algo cuestiona su fundamentación ligada al poder terrenal y a la inequidad de género. La inesperada y forzada salida de ISAMIS deja una gran interrogante sobre los sabios e irrefutables “designios” vaticanos para retrotraer a la población de Sucumbíos hacia carismáticos, angelicales y espirituales senderos.

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