En la flor de la vida

Publicado el Enero 14, 2008

Hace veinte años la policía apresó arbitrariamente, torturó, asesinó y desapareció a Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo Arismendi. Estaban en la flor de la vida.

Lo más tenebroso de la política de Estado en manos del socialcristiano Febres Cordero, se concentró en el intento de ocultar el crimen cometido y de silenciar el clamor de Pedro, Luz Elena, María Fernanda, Martha Cecilia, y de todas las organizaciones de derechos humanos, iglesias de Ecuador y del mundo.

Los organismos de derechos humanos, hacia 1988, venían con experiencias de lucha por casos como la masacre de Aztra y las violaciones cometidas por las dictaduras en la década anterior. Con todos sus medios, acompañaron la bronca de la familia Restrepo.

La lucha por la vida y los derechos de las personas, entonces, cobró un significado especial. Los miércoles, de diez a dos, bajo el sol o la lluvia, año tras año, fueron un punto de giro en la exigencia de respeto y reparación contra el Estado que, en vez de garante, se convierte en violador de los derechos de la gente.

En estos veinte años, hubieron más casos cometidos por personas entrenadas en tortura, en sótanos para acallar los gritos de las personas torturadas, con autoridades que amparan a los torturadores, con ministros de gobierno y presidentes cómplices con su silencio o con su impúdica justificación de “matar al pavo la víspera”.

Entre muchas anónimas violaciones cotidianas contra delincuentes comunes, se sucedieron los asesinatos y desaparición de Consuelo Benavides, Gustavo Garzón, Arturo Jarrín, Hamet Vásconez. Más tarde, once inocentes campesinos del Putumayo fueron apresados en operativo militar, torturados y mantenidos presos por más de tres años y, al final, sin ninguna prueba más que las forjadas por militares, fueron reconocidos inocentes!

La lista de violaciones al derecho al a vida, a la integridad y dignidad de las personas, sería interminable y hay que incluir el asesinato ocurrido hace un año del estudiante Paul Guañuna, el reciente caso sufrido por las familias de Dayuma y la no excarcelación de la prefecta de Orellana que, a todas luces, es inexplicable.

La lucha es contra el modelo de Estado neoliberal, autoritario, abusivo, lóbrego, medieval y mojigato, que mantienen y defienden, los grupos de poder de los partidos socialcristiano, izquierda democrática, roldosista, prian y gutierrista.  

Hoy, las perfumadas asambleístas socilacristianas no tienen autoridad moral para reclamar por ningún caso de violación a los derechos humanos. Antes que nada, deben responder por las violaciones cometidas por su líder histórico Febres Cordero.

El actual gobierno, tiene el compromiso de probar –en los hechos más que en discurso- que su propuesta de “revolución ciudadana” incluye erradicar las prácticas que violan el derecho a una vida sin maltrato, sin tortura cotidiana en los centros de detención y sin operativos militares contra población civil.

Los derechos humanos son Derechos de las Personas siempre. No son dádivas ni favores.

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