Río+20 y la contradicción entre economía y ecología
Publicado el Julio 12, 2012
Recientemente se realizó la cumbre Río+20 sobre desarrollo y medio ambiente. Esta cumbre organizada por el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) iba a ser histórica ya que pretendía conseguir una nueva alianza al servicio de un objetivo doble: la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente.
Lamentablemente, y al igual que otras conferencias de la ONU sobre este tema fue un fracaso y no alcanzó su ideal debido a la incapacidad de la comunidad internacional de conciliar desarrollo y preservación del ecosistema. El obstáculo es también el mismo: la defensa de los intereses económicos frente a la protección del medio ambiente.
Veinte años después de la primera cumbre de Río, los países del mundo no han logrado superar la contradicción entre economía y ecología. En la actualidad, lograr un desarrollo sustentable y armónico con la naturaleza sigue siendo una quimera para la humanidad.
Las posiciones más opuestas a lograr un acuerdo han sido las de EE.UU. y Canadá, y en menor medida de los países de la Unión Europea, más aún en una situación de crisis económica global. También se observa el incumplimiento flagrante de los países ricos de sus compromisos: En la cumbre de Copenhague del 2009, estos países acordaron financiar 100 mil millones de dólares anuales hasta el 2020 para el desarrollo sostenible del planeta, sin que haya habido hasta ahora ni un sólo desembolso.
El incumplimiento de muchos países ricos no sólo es en lo económico. Tampoco cumplen sus compromisos de reducir las emisiones de CO2. En EE.UU., las emisiones de este gas aumentaron en un 10.5% desde 1990 hasta 2009 a pesar de su compromiso de reducir tales emisiones en un 17% hasta el 2020. El protocolo de Kioto sobre este tema está siendo desmantelado gradualmente. Canadá se convirtió en el primer estado en retirarse oficialmente de este protocolo en Diciembre de 2011, luego de que, en lugar de reducir sus emisiones de CO2 como se había comprometido, las incrementó en un 6% desde 1990.
Por otra parte, los países en desarrollo también han incrementado sus emisiones, en especial la China, donde no disminuye el enorme consumo de carbón. El consumo de combustibles fósiles en el mundo sigue en aumento, especialmente de gas, algo menos contaminante que los derivados del petróleo pero contaminante al fin.
No hay una voluntad política, principalmente por parte de los países desarrollados, de comprometerse con un desarrollo no predador de la naturaleza y sus recursos porque lo que se prioriza son siempre las ganancias. Las principales víctimas serán las futuras generaciones que hallarán un mundo peligrosamente más contaminado, más deforestado, con menos fuentes de agua en una realidad en que no serán los 7.000 millones de habitantes del planeta de ahora, sino bastantes más. A ellos, a nuestros hijos, nietos y bisnietos, es a quienes se les pone en riesgo su derecho a la vida, a la salud y a un medio ambiente saludable, a una economía sustentable.
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