Cómodas cuotitas, no!
Publicado el Julio 12, 2012
Algún dirigente de los transportistas en Quito, hace poco, anunció que el gobierno nacional aceptó que los choferes paguen las multas por infracciones de tránsito, en cómodas cuotitas. Luego de una reunión con los altos burócratas, anunció también que buscarían una forma de que los choferes que han perdido la totalidad de sus puntos en la licencia de conducir (por algo será que perdieron puntos, no?) los recuperen pronto y sin tanto apego a la engorrosa ley de tránsito que ahora nos rige.
¿Cómodas cuotas para pagar multas de tránsito? ¿Privilegios para recuperar lo que perdieron con infracciones que seguramente afectaron a terceros de una u otra forma? ¿Qué recuperen una y otra vez su licencia quienes, sin más, rompen las más elementales normas de tránsito conduciendo camiones, buses y taxis, desobedeciéndolas sin importarles poner en peligro la vida de la gente?
De inmediato, por suerte y para calmar la expectativa y los cuestionamientos del anuncio transportista, las máximas autoridades del transporte y la política nacional, incluido el presidente del Ecuador, desmintieron al osado dirigente. Adicionalmente, aclararon que “por la fuerza nada, por el diálogo, todo”, puesto que para lograr ser recibidos por un subsecretario, los alzados conductores no repararon en paralizar por algunas horas ciertas calles de Quito y tampoco dudaron en pinchar llantas de buses que no plegaron a la medida de protesta.
Entonces el diálogo es el camino y la pregunta del millón, es ¿con quién se debe dialogar para que el gobierno pague la deuda social? Porque la deuda que existe en salud, educación, inclusión social y económica, que por cierto, es una deuda heredada desde hace décadas, se está pagando a paso de tortuga, o lo que es lo mismo, en cómodas cuotas cuando el gobierno puede.
Es de justicia reconocer que los primeros años de la “revolución verde” se apuraron cambios urgentes en salud, cambios que llevaban buen viento y que hacían pensar en la esperada innovación revolucionaria de la salud pública. Sin embargo, con el paso del tiempo y con la conducción del ex ministro traído de la USA, la salud pública perdió el paso, el ritmo y se debate, hasta ahora, en un vendaval de reestructuraciones y reformas de las reformas institucionales, mientras los problemas de la salud ciudadana, incluida la corruptela en los hospitales públicos, siguen sin cambios de fondo.
Con quién y dónde será de dialogar para que el ministerio encargado de la educación ponga en marcha políticas efectivas de cumplimiento de la nueva ley de educación intercultural, que dice que se debe dar en los colegios educación de sexualidad integral con enfoque de derechos y de género, laica y sin orientaciones religiosas.
Con quién será de quejarse que la generación actual de estudiantes de los colegios públicos, que entraron al bachillerato hace seis años y ya mismo se gradúan, NO recibieron una educación sistemática en sexualidad integral y en salud reproductiva, porque el ministerio del ramo NO tiene un programa oficial ni una malla curricular ni un programa de preparación de docentes para educación en sexualidad. ¿Dónde será de poner el grito en el cielo?
Con quién será de hablar para que el plan de erradicación de la violencia por razones de género, que se lanzó con tanto bombo y platillo en 2007, deje de ser solo un recuerdo de unas cuñas contra el machismo. Con quién mismo será de dialogar para que se ponga en marcha la erradicación de los delitos sexuales dentro de los colegios, porque de lo que se oye, la impunidad sigue campante en casos clamorosos y el ministerio de educación, mutis por el foro.
Con quién será de dialogar para que el mentado plan de prevención de embarazo en adolescentes y planificación familiar, que se ha lanzado al público una y otra vez, se convierta en acciones reales y masivas dentro del sistema educativo y de todos los servicios de salud.
La deuda social no puede ser pagada en cómodas cuotitas por el gobierno de turno. La cantaleta de que las fallas en los servicios públicos es culpa de malos funcionarios, oculta la ausencia de reformas de fondo y de cambios. En el fondo, presidente y futuro candidato, ni siquiera es falta de recursos económicos, usted mismo lo ha dicho. Es una triste y simple falta de voluntad política.
¿Con quién será de dialogar?do y hasta irritante los cuestionamientos, críticas y suspicacias provenientes de entrevistadores de medios que no están alineados con el régimen. Esto le puede quitar algo que es fundamental para el gobierno: el porcentaje de aprobación entre el electorado. Y el 2013 es un año electoral. Peor si sale a la luz alguna denuncia de corrupción. Por lo tanto, la medida de prohibición deja en claro un cálculo electoral del gobierno y su escasa tolerancia a la crítica.
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