Más allá de las aletas
Publicado el Agosto 24, 2007
Rostros curtidos por el sol… camisa arremangada, altivos y con firme mirada, cientos de pescadores llegaron hasta Quito y Guayaquil… Por un momento dejaron alta mar para hacer sentir su voz y se presencia. Defienden la ley que legaliza la pesca incidental del tiburón y la utilización comercial de sus aletas. Días antes, una decena de autodenominados “activistas ecológicos” rechazaba lo que ahora los pescadores defienden.
Es el debate auspiciado por los “grandes medios” de información, que por cierto, toman partido por la decena de “activistas ecológicos”. Reportajes y más reportajes dan cuenta de la depredación del tiburón que provoca esta ley, y de la necesidad de amparar el ambiente.
Una vez más las notas informativas se quedan en el sensacionalismo. Solo de manera marginal se da cuenta del “aleta-tráfico” por el carácter afrodisíaco atribuido a las aletas de tiburón, desde tiempos inmemoriales. Asimismo, que al igual que en el narco-tráfico, la legalización de esta actividad provoca la caída del precio. Deja de ser un mercado atractivo para el traficante.
La pesca incidental del tiburón se dio y se seguirá dando, con ley o sin ley, en la red del pescador artesanal. En el gran barco industrial, ya no será incidental. Allí la pesca, no solo del tiburón, es intencional. Lo que para un grupo puede representar lucro ilegal, para otro es medio de subsistencia.
Resulta entonces que inclusive, la citada ley es aún insuficiente. ¿Cómo equilibrar la desigual y desleal competencia entre el pescador artesanal y el industrial? ¿Cómo ayudar al pescador artesanal para que sus productos lleguen de manera directa al consumidor final? ¿Cómo retribuir al pescador artesanal su aporte en la dieta de la población, si a riesgo de su propia vida se lanza al mar sin ningún tipo de seguridad social ni para él, peor para su familia?
En pocas palabras, ¿cómo dignificar el trabajo del pescador artesanal y de su familia que habita inclusive una casa de caña guadúa por la que se filtra el viento y donde no se cuenta con los servicios básicos necesarios?
El debate debe ir más allá de las aletas del tiburón y debe englobar la vida misma del pescador, no la del depredador.
Rostros curtidos por el sol… camisa arremangada, altivos y con firme mirada, los cientos, los miles de pescadores artesanales deberán movilizarse a Quito, a Guayaquil, cuantas veces sean necesarias. Deberán dejar por un momento alta mar, para luchar por su dignidad.
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