Ahora, renuncia Benedicto XVI

Publicado el febrero 19, 2013

El papa Benedicto XVI, cardenal Joseph Ratzinger, se convirtió en el primer pontífice en renunciar a su investidura en casi seis siglos, luego de ocho años de ejercer el pontificado. Así cierra  su carrera eclesiástica que, entre otras actividades incluyó, la dirección de la Comisión de Doctrina de la Fe, sucesora de la siniestra Santa Inquisición, durante el papado de Juan Pablo II. En el curriculum del renunciante prelado se cuenta el paso “obligado” –dice él por deber patrio- en las filas nazis durante la segunda guerra mundial. Benedicto XVI fue electo cuando ya tenía una avanzada edad por lo que era considerado  como un papa que posibilite un golpe de timón en la orientación de la iglesia católica apostólica y romana, hacia la derecha ultraconservadora. Desde el inicio de su pontificado,  abrazó posiciones muy conservadoras  y retrógradas, promovió activamente la discriminación contra las mujeres y los homosexuales; se opuso frontalmente contra el derecho de las mujeres a decidir  sobre el aborto y el uso  de  métodos anticonceptivos modernos.

Ahora, renuncia Benedicto XVI. Sus declaraciones hechas desde la razón escolástica causaron justificado rechazo entre musulmanes, protestantes, judíos  y en las propias filas de católicos y católicas que esperan y quieren la iglesia anunciada por el nuevo viento surgido en nuestra América y ahora, implacablemente acallada por la represión desde el Vaticano y por las dictaduras militares que sembraron de mártires el continente, testimonio de la nueva iglesia que, por ejemplo, Monseñor Arnulfo Romero anunciara con su vida y su muerte.

Pero la máxima razón de descrédito y vergüenza para  la iglesia católica, bajo el mandato de Benedicto XVI, fue la respuesta sin dignidad, la verdad y la justicia necesarias contra la enorme cantidad de delitos sexuales cometidos por miles de sacerdotes, clérigos y obispos, en contra de decenas de miles niños, niñas y adolescentes, en varios países.

Hace poco, en el Vaticano estalló el destape de documentos escandalosos, “reservados”, hechos públicos por el mayordomo del papa Joseph Ratzinger, Paolo Gabrielle, hecho que expresa la pugna de poder en la cúpula vaticana, entre la derecha y la ultraderecha.

Ahora, Benedicto XVI renuncia, porque no se siente más útil –o porque no es más necesario- para la misión que le encomendaron y en la que cree. Bajo su mandato, el Vaticano fortaleció con éxito la abierta represión y silenciamiento contra los prelados, misioneros, misioneras, órdenes y organizaciones católicas de todo el mundo que buscan mejorar las condiciones sociales de sus fieles, que defienden los derechos de las personas y la igualdad de género, y que se identificaron como iglesia de los pobres, iglesia popular y se inspiraron en la teología de la liberación En Ecuador, el frontal ataque a la Iglesia de Sucumbíos, llevada por la Misión Carmelita, entre otras órdenes, fue una batalla más contra la corriente liberadora.

Benedicto Ratzinger deja el camino expedito para que las corrientes más conservadoras avancen y mantengan el reinado de la romana y apostólica iglesia, para que persistan las prácticas y creencias que  satanizan el cuerpo y la libertad de las mujeres, mantienen la culpabilización y el chantaje hacia la diversidad de géneros, y coronan con silencio los escándalos de pederastia y violencia contra las mujeres.

Ahora renuncia Benedicto, dejando un ambiente propicio para el éxodo de fieles desde la religión católica hacia otras ofertas religiosas más flexibles y cercana a sus necesidades, además, coherentes con una visión de respeto y promoción a los derechos de las personas y los pueblos. Igual, hacia otras sectas fanáticas y alienantes o que son parte de lucrativos negocios disfrazados de religión o iglesia. El consenso conservador que llevó al Benedicto XVI a la silla de San Pedro llega ahora a su mejor momento, y quizás, la burocracia vaticana y el inmenso poder tras el báculo pontificio solicitaron su renuncia, simplemente como lo afirma, se siente sin las fuerzas necesarias para seguir adelante con lo que se viene:  el anclaje definitivo de la iglesia católica a los moldes, rituales y patrones tan arcaicos como escandalosamente protectores de su magnífico e ilimitado poder material y su reinado en la tierra.

Para la iglesia católica se deberían presentar grandes desafíos con la elección del nuevo papa: crear una iglesia mucho más cercana a los creyentes y a sus necesidades  espirituales y terrenales, abandonar tantas posiciones retrógradas que han ahuyentando a millones bondadosos fieles mientras las cúpulas eclesiásticas son fieles seguidoras del poder económico y político en las sociedades nacionales y transnacionales. Por lo visto en la última década, nada de esto se puede esperar como inspiración de los cardenales en el próximo cónclave. Ahora, simplemente, renuncia Benedicto XVI.

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