Reelección de Correa, ¿voto comprometido con el pasado?

Publicado el marzo 4, 2013

La reelección de Rafael Correa, en una sola vuelta y con amplio margen sobre los demás candidatos, le convertiría en el presidente del Ecuador de más largo gobierno. Las explicaciones del resultado de la elección de febrero de 2013, dentro del terruño y en otros países con alta migración ecuatoriana, son diversas El candidato reelecto se compromete con mejorar su gobierno, dice que hará lo pendiente y que la revolución ciudadana se profundizará. El tema, en términos de derechos humanos es analizar el tipo de compromiso que entraña el voto.

Los candidatos perdedores consuetudinarios como el millonario bananero Noboa y el ex militar Gutiérrez, u otros despistados como el homofóbico pastor Zabala, explican la reelección por un supuesto fraude. Cada uno reclama ser segundero y añoran una supuesta segunda vuelta. Otros, que no esperaban tan poca votación, como Acosta y Wray, y el banquero Lasso, de forma elegante, dicen que Correa ganó porque hubo una campaña inequitativa, chequeras gigantes apoyándole y propaganda oficial, “cancha inclinada y árbitro vendido”.

La reelección de Correa, merece un análisis fuera de resentimientos electoreros. La revista Semana (Colombia), en un reportaje sobre las claves para la reelección, destaca que en los seis años de gobierno, Correa llegó a invertir desde el Estado, el trece por ciento del producto interno bruto, versus cinco por ciento de los gobiernos anteriores. Además, señala que en su gobierno se rescató la estabilidad política que Ecuador había perdido durante la década anterior; lanzó programas sociales masivos con incremento de la inversión pública social en salud, educación, atención a discapacidades e inversión en seguridad social; levantó obras de infraestructura como carreteras, puentes, autopistas, plantas hidroeléctricas, rescate del tren, financiamiento del metro en Quito, culminación del nuevo aeropuerto internacional. Durante los seis años, Correa estuvo en campaña permanente, gobernó con un micrófono en la mano y frente a las cámaras, con enlaces mediáticos semanales y una propaganda continua. Finalmente, Correa logró dividir a la oposición con una gama de candidatos que quedaron mal parados, excepto el segundo que expresa una nueva articulación de la corriente conservadora. Hasta aquí lo que dice Semana.

Al parecer, la reelección es un voto comprometido con el pasado inmediato y un premio a lo realizado por Correa. La gente no votó por las promesas, sino por las realizaciones, por cuestionables, imperfectas o erradas. Lo ejecutado fue el termómetro de la reelección y la carta de presentación del reelecto presidente. Junto con esa marca de pasado, el voto que reeligió a Correa tiene la esperanza de que la vida siga mejorando de fondo y no  solo de forma.

Para le movimiento por los derechos de las personas, vale preguntar y trabajar, desde todas las trincheras, para que el voto de la gente sea un semillero de intención y acción comprometida con el presente y el futuro, es decir, para que los derechos de las personas y los pueblos sigan siendo la medida para juzgar, controlar y pedir cuentas  al gobierno reelecto y a cualquiera que viniese luego. Este compromiso no será desde las urnas, sino desde una permanente, organizada y constante presencia y participación en todo ámbito y momento.

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