Borrachera electoral

Publicado el marzo 4, 2013

Rafael Correa fue reelecto presidente ecuatoriano con un 57% de votos a su favor, claro que 30 de cada 100 personas calificadas para votar no se presentaron a ejercer este derecho.  Habría que preguntarse a qué se debe ese alto porcentaje de ausentismo. Desconfianza en la democracia electorera o en sus representantes, es una hipótesis que desde luego, se suma a otras causas relacionadas con situaciones  imponderables.

Alianza País, el partido de gobierno, alcanzó alrededor de dos tercios de las bancadas legislativas, lo que garantiza para el ejecutivo no sólo una mayoría absoluta, sino un control absoluto del legislativo. Correa tendrá por los próximos cuatro años, sin lugar a dudas, la cancha totalmente a su favor.

Intentando explicaciones para el abrumador triunfo del partido de gobierno,  a más de la exitosa, costosa y prolongada campaña publicitaria,  se alude a avances en el campo de la vialidad, salud, educación y atención a la situación de pobreza.

Sin embargo, y sin desmerecer los avances en los servicios de salud, vale recordar que el mejor país es el que no necesita hospitales, es decir, aquel que logre reducir los índices de mortalidad materna y neonatal, los embarazos en adolescentes, entre otros indicadores. En este campo, el reto para los próximos cuatro años será fortalecer programas de educación y prevención, de la mano con las necesarias mejoras en atención a la salud de toda la población.

En cuanto a educación, el poner el dedo en la llaga de las universidades que no contaban con las mínimas condiciones técnicas, de infraestructura, ni calificación profesional para brindar el servicio requerido, es un punto a favor del gobierno.

Pese a ello, limitar el acceso a las universidades a un alto porcentaje de ecuatorianos que, debido a las inequidades socioeconómicas del país, no logran competir con los hijos de familias bien alimentadas, no es plausible.

Recorrer actualmente las carreteras ecuatorianas es un verdadero placer, pero los campesinos, los agricultores demandan también atención a las carreteras de segundo orden, aquellas que unen anejos y poblados en los que se desarrolla la vida de una buena parte de las personas  más excluidas.

No todo se puede hacer de un solo golpe, estamos avanzando, dice el gobierno. Los retos están a la vista, decimos todos y exigimos que no se los olvide en medio de la borrachera triunfalista, que esperamos no dure hasta el 2017.

Quienes hemos venido manteniendo una voz crítica respecto a las políticas del gobierno, quienes nos preocupamos frente a la apropiación del discurso y de las luchas históricas de las organizaciones sociales, requerimos hacer lecturas agudas que nos permitan diseñar estrategias de vigilancia y exigibilidad, que hagan contrapeso al control total de las funciones del Estado.  Y que nos permitan también enfrentar la continua criminalización de las voces disidentes, de las cuales ningún gobierno democrático debe estar exento.

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