Comandante Hugo Chávez: inoportuna muerte

Publicado el marzo 11, 2013

La muerte siempre es inoportuna, pero hay muertes que resultan más inoportunas que otras, porque truncan vidas más oportunas que otras. Hugo Chávez, comandante y revolucionario venezolano, líder de Nuestra América, no pudo ganar la batalla contra el cáncer. El 5 de marzo de 2013, el presidente venezolano pasa a la historia y a la leyenda de los pueblos de esta parte del mundo y sus alrededores.

Hugo Chávez ha inscrito su vida, oportuna vida, en el camino de incansable liberación que llevan a cuestas los indios, los cholos, montubios, mulatos, negros, mujeres, hombres y jóvenes del continente. Vivió desde su origen en pueblo campesino, sintonizó y canalizó la corriente latinoamericanista de liberación, luego de quinientos años de la conquista y colonización europea. Su aparición en un primer levantamiento militar, en 1992, –aunque fallido- sacudió a la que era nombrada, por los místeres estadunidenses como una “ejemplar democracia” de su patio trasero. Ejemplar si, por las millonarias tasas de ganancia de empresas petroleras transnacionales y por los millones de familias venezolanas sumidas en la miseria y el abandono. En Venezuela convivían, desvergonzadamente, la opulencia y la exclusión, mientras los gringos imperialistas aplaudían.

Oportuna la vida del comandante venezolano. Luego de la campanada del “caracazo”, que dejó miles de personas asesinadas por un “democrático” gobierno, puso semilla de esperanza para las víctimas de la economía petrolera más próspera e inequitativa de todas las inequitativas democracias formales. Su presencia llegó cuando algunos difundían el fin de las ideologías y el reinado infinito del neoliberalismo. Oportuna irrupción para sembrar futuro en el continente entero. Los imperialista no perdonarán que les haya quitado la tutela en el manejo del petróleo que, desde Washington y el Pentágono, ya lo sentían parte de sus propias reservas estratégicas.

Oportuna vida la de Hugo Chávez. Animó y recreó el pensamiento del Libertador Bolívar, traduciéndolo a los tiempos actuales con la sabiduría del pueblo llanero, que es la misma sapiencia de todos los pueblos primigenios y excluidos del continente. Con voz potente, Chávez supo levantar la palabra continental para que el planeta comprenda que Nuestra América “se ha puesto de pie y ha comenzado a andar…”. A disgusto de la oligarquía y sus lacayos amantes del conservadorismo vestido de estrategia neoliberal, supo ser irreverente y “malcriado” en los formales encuentros de mandatarios que, aupados por la burocracia internacional, solo atinan a firmar compromisos frívolos de contenido para la vida de las gentes sencillas.

Oportuna vida que expuso la verdad en palabras de pueblo. Supo cantar y unirse a los coros populares para el festejo sencillo pero sentido. El pueblo reconoció la sinceridad de su hablar, de su pensar, de su hacer y su mirar, por eso lo reeligieron como mandatario a disgusto de las élites que callan lo que piensan “por delicadeza”, porque su silencio vale divisas. No tuvo pelos en la lengua para criticar a los imperialistas del norte. Hoy, ellos, los de cuello blanco y almidonada camisa, reclaman inmediatas nuevas elecciones en Venezuela, con la esperanza de volver al gobierno para cuidar sus intereses y sus capitales.

Vida oportuna. Sembró semilla de unidad latinoamericana, antiimperialista, al estilo criollo, nuestro, con los ingredientes de nuestras culturas que siempre han sido y serán incomprendidas por los que se creen dueños del mundo y de la cultura.

Oportuna vida que supo tomar decisiones de solidaridad y amistad entre los pueblos, simplemente movido por amistad y solidaridad, sin intereses mezquinos de  por medio, sin cálculos de tasas de retorno de capital como motivo. Mandatario generoso para tender la mano a los pueblos hermanos para que construyan bases de nuevas economías alejadas del capitalismo.

Oportuna la presencia de Chávez en Nuestra América, por su compromiso con la paz y la comprensión entre las naciones y entre los hermanos de cada patria chica. Oportuna vida, demasiado corta, como la de Bolívar, quien murió a los 47 años, pero fructíferas las dos a todas luces, enlazadas por un anhelo compartido que trasciende: independencia y autodeterminación.

Inoportuna muerte, más inoportuna que nunca, porque el horizonte trazado y bosquejado por Hugo Chávez, aún está lejano. Los sembríos de libertad, justicia y soberanía aún son tiernos y las peores tempestades todavía no han llegado. Inoportuna muerte que llega y se lleva una vida oportuna y comprometida. Solamente mañana se verá si hay otros líderes sembradores que acompañen los anhelos del pueblo venezolano y latinoamericano.

Por ahora, mientras tanto, duele la inoportuna muerte de Hugo Chávez Frías, cuya vida oportuna deja una herencia de esperanza y lucha que seguirá presente en su pueblo y en los de la Patria Grande. La inoportuna muerte nunca borrará la herencia de una oportuna vida.

Colectivo Pro Derechos Humanos, PRODH- Ecuador

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