Más allá de fronteras… la defensa de la vida

Publicado el Marzo 31, 2007


Jueves 22 de marzo. Personal del ejército colombiano dispara con mortero contra la vivienda de Jorge Plaza Mantilla, de 24 años, de nacionalidad ecuatoriana. Posteriormente “ingresan a la vivienda quince miembros del ejército de Colombia, quienes a la fuerza lo trasladan a territorio colombiano”. 

Durante su traslado por el río San Miguel, interceptan “al ciudadano colombiano Daniel Marroquí Ortega, 36 años, quien es embarcado en la canoa mediante la fuerza. Con los dos detenidos los militares continúan su rumbo hasta llegar a su territorio”.

Los términos de este macabro hecho son el relato que hace la policía sobre la muerte de los ciudadanos Jorge Plaza Mantilla y Daniel Marroquí Ortega, el primero ecuatoriano, el segundo colombiano. Los dos fueron asesinados por miembros del ejército colombiano que incursionaron en territorio ecuatoriano. Las dos víctimas fueron acusadas de guerrilleros.  Sus cuerpos sin vida aparecerían luego, en manos de la Cruz Roja y de la Defensoría del Pueblo, quienes notifican del caso a sus familiares.

Las investigaciones realizadas por el Ministerio de Defensa de Ecuador determinan que sí hubo incursión del ejército colombiano en territorio ecuatoriano. Los hechos se dieron en Puerto Nuevo, provincia de Sucumbíos. 

El ejército colombiano y su gobierno, al mando de Álvaro Uribe -para variar- niegan los hechos. Con ésta, son varias las confrontaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia. Ambos gobiernos han mantenido frecuentes roces diplomáticos por los problemas derivados de la ejecución del llamado Plan Colombia.

Igual que en anteriores ocasiones, la diplomacia colombiana niega los hechos.  Igual que en ocasiones anteriores, los perjudicados son gente humilde. Igual que en casos similares, si es preciso, hasta se forjarán evidencias para “demostrar” que en realidad se trató de caídos en combate.

Esta vez, las víctimas fueron Jorge Plaza Mantilla y Daniel Marroquí Ortega, ecuatoriano el primero, colombiano, el segundo. Antes, otros ecuatorianos fueron víctimas de las incursiones de militares colombianos en nuestro país. Hasta ahora, cientos de familias -tanto del lado ecuatoriano como del lado colombiano- se vieron en la obligación de abandonar sus tierras y de buscar refugio en el interior del lado ecuatoriano.

La sistemática negación de los hechos viene de un gobierno totalmente desacreditado, con fuertes evidencias de vínculos con bandas paramilitares, según los despachos internacionales provenientes de Colombia. Esos vínculos y  la defensa de las políticas de muerte implementadas por dichas bandas, desautorizan moral y legalmente al Presidente Uribe y sus ministros a proclamase defensores de la democracia y, en nombre de ella, a justificar crímenes de lesa humanidad. 

Y conste que esta vez, nada decimos de las igualmente criminales políticas de fumigación desarrolladas por el régimen colombiano en la frontera. Fumigaciones criminales que afectan el lado ecuatoriano igual que el colombiano. Criminales no por ponerles un adjetivo sino porque eso son en realidad.

Las continuas, reiteradas confrontaciones entre la diplomacia ecuatoriana y la colombiana , como lo muestran los hechos, van mucho más allá de un asunto de límites y de soberanía, van muchísimo más allá de los límites que imponen las normas diplomáticas o los acuerdos internacionales.

Las discusiones entre las diplomacias ecuatoriana y colombiana se han tornado en un asunto de defensa de la vida o defensa de la muerte. Así lo entiende la gente de la frontera, y así lo defienden sus comunidades. Más allá de fronteras, más allá de límites, se trata de la defensa de la vida.

Frente a un gobierno de muerte, el gobierno ecuatoriano debe fortalecer su posición y enarbolar sin temor alguno, la defensa de la vida.

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