O construimos democracia… o seguimos con la mordaza

Publicado el Noviembre 18, 2006

La hora cero se acerca. La campaña se intensifica. Álvaro Noboa da pie atrás en su discurso y ahora ofrece mantener relaciones con Cuba y Venezuela, y hasta ofrece no firmar el TLC “si es que acaso perjudica a los campesinos”. Correa, por un lado mantiene su oferta: no firmar el TLC y convocar a una Asamblea Constituyente; por otro lado la amplía: buscar soluciones habitacionales baratas, pero dignas, y garantizar empleo, salud y educación gratuita para ecuatorianos y ecuatorianas.

Los spots, las cuñas propagandísticas y los mítines políticos de los dos candidatos se multiplican y se multiplican. El asunto es convencer al electorado. El multimillonario sigue regalando avena, camisetas y gorras y, Biblia en mano, promete hacer un gobierno para los pobres. Correa, rodeado de banderas, ofrece trabajar para recuperar la Patria, y convertirla en una Patria para todos, no solo para los bananeros de corbata.

En lo personal, las conductas también dejan evidencias. Mientras Correa asiste a los debates, entrevistas y foros, Noboa los rehuye. Mientras, por un lado, los testimonios de prepotencia, maltrato y desprecio a la gente quedan como prueba de la violación a los Derechos de las personas por parte de Noboa: jefe, político y empresario, por otro lado, el trato amable, cordial, y su motivación por el servicio a los demás constituyen testimonio de respeto a la persona, a la diversidad y a los derechos de las esas personas por parte del candidato Correa, voluntario, profesional, y maestro universitario.

Pero independientemente de las personas, de las ofertas, de los discursos, de los obsequios y de las promesas que hace cada candidato, lo que queda en evidencia es que en las urnas se enfrentan dos proyectos, se enfrentan dos posiciones ideológicas, políticas y económicas.

Y más allá de las urnas, lo que queda en evidencia -una vez más- es un país dividido en dos, un país de pobres y de ricos, un país rico, pero habitado por millones de empobrecidos; un país rico, donde la riqueza es solo cosa de pocos, mientras los demás se debaten entre la necesidad y la miseria.

Y mucho más allá de estas evidencias, ya demás evidenciadas, queda en claro también, que este momento electoral, impuesto por el sistema que defiende el orden de cosas, nos pone a los ciudadanos en la necesidad de tomar partido por una de las dos posiciones, por uno de los dos proyectos: o estamos con el proyecto oligárquico de un bananero millonario apoyado por los grupos de poder económico, nacionales y transnacionales, o estamos con el proyecto progresista de un político joven, apoyado por movimientos sociales y sectores progresistas que buscan al menos un marco realmente democrático para construir una sociedad con equidad política, social y económica.

El momento es crucial. O defendemos un proyecto que venderá a la patria para beneficio de quienes se enriquecen a costa del trabajador y de su pueblo, o defendemos un proyecto que al menos ofrece permitir que el trabajador y su pueblo puedan construir mejores condiciones de vida, y de vida con dignidad.

O defendemos la institucionalidad y el marco que esos pocos ricos llaman democráticos, o defendemos el proyecto que nos ofrece garantizar condiciones para construir una verdadera democracia, participativa, equitativa, justa y que será igual para todos y para todas, y no de privilegios para pocos.

El reto es claro. Pero más allá de esa claridad, está lo que implica ponerse de lado de uno o de otro proyecto. Mantener el estado de cosas, será eso: seguir sometidos, empobrecidos y marginados. En cambio, apoyar el cambio sí tiene implicaciones: precisamente, apoyar esas transformaciones, exigir su cumplimiento y trabajar personalmente para que se cumplan. ¿Cómo hacerlo?… pues a través de la organización… La única vía es la organización en nuestros barrios, en nuestras comunidades, en nuestros trabajos… sin dejarnos engañar por las boas, como Noboa, que ahora pretende ser paloma. Asimismo, asumiendo nuestra responsabilidad de construir y defender de manera organizada un proyecto nacional, soberano y digno.

Que la imagen de la propaganda y de la publicidad no oscurezca nuestro entendimiento. Con nuestro voto, y más allá de nuestro voto, con nuestra actitud y compromiso, o apoyamos la posibilidad de realización de un proyecto democrático de cambio, o nos negamos la posible construcción de un espacio democrático, justo y equitativo.

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