OPINIÓN

Trabajadores y movimientos sociales se manifiestan

La movilización del 19 de noviembre pasado, convocada por el Frente Unitario de Trabajadores, constituye una nueva expresión de rechazo frente a las políticas del gobierno de Rafael Correa. Los dirigentes sindicales del FUT se oponen principalmente a la reforma planteada por el ejecutivo al Código Laboral, mediante la cual los obreros del sector público dejarían de estar amparados por el Código del Trabajo y los contratos colectivos, perdiendo los derechos que este medio les brinda, incluido el derecho a la sindicalización, y quedarían bajo la Ley Orgánica de Servicio Público (LOSEP). De esta manera, su estabilidad laboral se vería amenazada ya que podrían perder su trabajo si se suprimen puestos, o si una institución se fusionara con otra. También se oponen a la intención del gobierno de mensualizar los décimo tercer y decimocuarto sueldos, en lugar de que se paguen en dos épocas determinadas del año, cuando los gastos de los trabajadores y sus familias, aumentan notablemente.
Pero también existe un sentimiento en el movimiento sindical y en el movimiento social en general de que si no se protesta contra el régimen, si no se rechaza su política antidemocrática y abusiva, las arbitrariedades del poder serán peores. Y obviamente que la movilización del 17 de septiembre ya demostró que sí existen sectores sociales que, venciendo el miedo a la represión y a ser enjuiciados, están dispuestos a hacer escuchar su voz de protesta.
El gobierno, que tildó de desestabilizadora a la manifestación, organizó un acto en la Plaza de la Independencia, para tratar de opacar la manifestación convocada por el FUT. Pero además, hace muy pocos días, en las oficinas de Alianza País se creó la llamada Central Unitaria de Trabajadores (CUT), cuyo flamante estreno fue el 15 de Noviembre en Guayaquil. Coincidiendo con la recordación de la masacre de trabajadores de esa fecha del año 1922, el gobierno llevó a cabo un acto masivo por la llamada revolución laboral para promocionar sus reformas al Código Laboral y para lanzar la CUT. Esta central, que apareció a muy pocos días de la movilización del 19 de noviembre, tiene un claro afán de dividir al movimiento sindical. Incluye a trabajadores de algunas empresas públicas y a exdirigentes sindicales que han sido cooptados por el gobierno con puestos administrativos o candidaturas electorales.
Además del FUT, se unieron a la manifestación, que tiene carácter nacional, las organizaciones indígenas de la CONAIE y ECUARUNARI, movimientos estudiantiles, la UNE, movimientos de abogados y médicos y otras organizaciones sociales en desacuerdo con distintas leyes impulsadas por el gobierno y que rechazan de forma unánime la enmienda a la Constitución que viabiliza la reelección indefinida.