EDITORIAL

Centenario de la revolución rusa

En estos días se cumplen 100 años de la revolución rusa, que, a nivel mundial fue la primera revolución victoriosa del proletariado, de los obreros y campesinos. Era noviembre de 1917, octubre según el antiguo calendario ruso, y la insurrección popular derrocó al régimen zarista, que mantenía a la gran mayoría del pueblo ruso sumido en la miseria, el hambre y la represión. Esta realidad se había empeorado aún más con la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, por los ingentes recursos económicos y vidas humanas que ésta exigía.

Varios movimientos insurreccionales de distintas orientaciones políticas, líderes sindicales, campesinos, estudiantiles e intelectuales se juntaron para terminar con la última monarquía absoluta en Europa. Sin embargo, en las pugnas entre facciones por control del poder, los bolcheviques se fueron imponiendo. Vladimir Ilich Ulíanov, Lenin, el más grande conspirador contra el zarismo, estaba exiliado en Suiza y al percibir que estaban dadas las condiciones para una revolución, regresa a Rusia.

Es entonces cuando Lenin formula sus tesis de nacionalización de la tierra y de la banca, garantizar el pan para todos los pueblos de Rusia, salida inmediata y sin restricciones de la guerra y la entrega de todo el poder a los consejos populares o soviets. Y así grandes masas de obreros, campesinos, estudiantes se convirtieron en soviets, organizándose y tomando por primera vez en sus manos las riendas de sus destinos, desconociendo la autoridad del zar, la nobleza y la gran burguesía.

Lenin murió al cabo de pocos años en el inicio de la difícil implantación del sistema socialista y Stalin, luego de expulsar a Trotski, se consolidó en el poder logrando enrumbar a Rusia por un senda de desarrollo económico y social basado en la propiedad estatal de los medios de producción industriales y agrícolas pero bajo un régimen de persecución política y asesinatos masivos, donde no estaba permitido ningún tipo de oposición o disenso.

Con la muerte de Stalin, se dejó atrás una época de oprobiosa represión y la Unión Soviética, formada por Rusia y 14 repúblicas socialistas, tuvo una cierta apertura política y se fue convirtiendo en una potencia mundial, logrando importantes avances económicos, sociales y políticos pero a la larga la economía planificada y ultracentralizada y también problemas sociales generaron ineficiencia, a más de quemeimportismo en la gente y corrupción a todo nivel, sobre todo entre los dirigentes. Esto, sumado a los enormes gastos militares provocados por la guerra fría con los Estados Unidos, llevó al colapso de un sistema en el que prácticamente ya no se podían reconocer los ideales de justicia social, igualdad económica y solidaridad que lo habían inspirado.