OPINIÓN

Escuelas interculturales bilingües en la picota

En días pasados se realizó en Peguche, provincia de Imbabura, el IV Encuentro Nacional de Educación Intercultural Bilingüe. Participaron representantes de 13 provincias y de 6 nacionalidades indígenas, así como miembros de la UNE y gente vinculada con la educación intercultural y con movimientos sociales. El evento debía realizarse en el colegio Peguche, construido con fondos de la cooperación internacional y no del Estado, pero miembros de la Policía pusieron candados en las puertas de ingreso e impidieron la entrada a las personas participantes, por lo que “de urgencia” la comunidad de Peguche tuvo que alquilar cuatro carpas y la Prefectura de Imbabura colaboró con la amplificación necesaria para llevar a cabo el evento.

Los debates se centraron, por una parte, en el rechazo de los indígenas a la construcción de las escuelas del milenio, que es uno de los proyectos más emblemáticos y promocionados por el gobierno. Estas escuelas no toman en cuenta las realidades culturales de los pueblos indígenas, suelen ser grandes construcciones de hormigón de características similares, sean en el páramo, en la Costa o en la Amazonía; sean para poblaciones mayormente mestizas, indígenas o afro. Pero además, los participantes expresaron su oposición al proyecto pedagógico del gobierno, por ser centralizado, impedir la participación de las comunidades, no tomar en cuenta sus criterios y no respetar la autonomía de los docentes.

También se denunció el caso de dos maestras bilingües de una escuela cercana a Saraguro, que fueron acusadas de sabotaje y terrorismo por un comisario local y despedidas de sus trabajos. Este caso se suma al de otros de sus colegas que han sufrido persecución y criminalización por parte del Estado, principalmente en la provincia del Cañar.

Los participantes también rechazaron el cierre masivo de escuelas interculturales bilingües y rurales, bajo el argumento de la construcción de escuelas del milenio con inversiones altísimas en un solo espacio, discriminando al resto de escuelas y obligando a los estudiantes de zonas indígenas y campesinas a desplazarse grandes distancias, con la consecuencia en algunos casos, incluso de tener que dejar de estudiar.

Los participantes resolvieron declarar a Rafael Correa y al Ministro de Educación como enemigos de la educación bilingüe, quienes “en actitud servil, cumplen con recetas imperialistas de EEUU y China, cerrando masivamente escuelas bilingües y rurales, impidiendo y limitando el cumplimiento del derecho universal al acceso libre a la educación de calidad, cercanía y con calidez a los sectores indígenas, campesinos y urbanos pobres”.

El problema del cierre de escuelas en las comunidades indígenas no solo es educativo sino que afecta a la reproducción de las propias culturas indígenas, porque dan origen a procesos de disolución de las comunidades. El proyecto educativo del gobierno es homogenizante debido a que no toma en cuenta las diversidades de ningún tipo, y prioriza solamente criterios economicistas, cuyas consecuencias pueden ser nefastas para las culturas indígenas del Ecuador.