¿Qué es y para qué sirve la cultura de la legalidad?

Desde siempre ha sido más fácil mirar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, y con el respeto a las normas no es diferente: criticamos al del auto del frente que se pasó en rojo el semáforo, toleramos que el busero exceda el límite de velocidad cuando vamos tarde, nos colamos en la fila, copiamos textos enteros en los trabajos académicos sin reconocer la autoría de otros, e incluso hasta guardamos el dinero de más del cambio, pero tranquilos, como somos nosotros y solo de vez en cuando… todo está bien.
Este tipo de formas de pensar y de actuar son igual de reprochables como las de los políticos que se han robado con impunidad cuantiosos recursos del presupuesto público, y aunque estos “pequeños actos” parezcan inofensivos hacen muchísimo daño a nuestra sociedad, pues con ellas solo perpetuamos una cultura en la que todo vale y en la que lo valioso es actuar con astuta malicia. Y lo peor de todo es que ¡eso es lo que le enseñamos a las niñas y los niños y pretendemos cambiar el país!
¡Tenemos que cambiar esa mentalidad y montarnos en el bus de la cultura de la legalidad! ¿Pero qué es y para qué sirve? De acuerdo con la organización México Unido Contra la Delincuencia, la cultura de la legalidad es “el conjunto de creencias, valores, normas y acciones que promueve que la población crea en el Estado de derecho, lo defienda y no tolere la ilegalidad”. En la vida diaria esto implicaría que, tanto como individuos como cuando estemos en grupo, actuemos poniendo en práctica los valores en los que creemos al respetar las leyes que nos gobiernan, sin importar si se trata de grandes o de pequeñas acciones.
Un triste y reciente ejemplo nos permite entender mejor esto: hace un par de días ocurrió una tragedia, completamente evitable, en el restaurante Toronto en Quito. Por ahorrarse unos dólares el establecimiento funcionaba con una centralita de gas clandestina, contrariando las regulaciones del Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano, y hasta el sentido común.
¿El resultado? Dos personas muertas, once personas heridas y varios vehículos destruidos; pero hablemos de las consecuencias que no se pueden ver con facilidad, el propietario del restaurante se encuentra detenido y podría enfrentar alrededor de 8 años de prisión, los empleados del establecimiento podrían perder sus empleos, y las dos familias directamente afectadas, no volverán a disfrutar de la compañía de sus seres queridos. Todo por causa de alguien que se creyó más listo que la ley.

EDITORIAL

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *