Responsabilidad social frente a los incendios forestales

En días pasados los habitantes de Quito y algunas ciudades aledañas nos sorprendimos ante la magnitud del incendio registrado en el Cerro Atacazo, ubicado entre el Cantón Mejía y el Distrito Metropolitano de Quito. El incendio comenzó el 29 de septiembre y recién fue controlado el 2 de octubre, esto gracias a la intervención valiente de más de 300 personas, entre bomberos, militares funcionarios de los Gobiernos Autónomos Descentralizados y numerosos voluntarios, todo este esfuerzo se suma al cuantioso contingente de bienes y recursos públicos utilizados.

En estos cuatro días de incendio, aproximadamente 830 hectáreas fueron consumidas totalmente por el fuego, en cada hectárea fueron calcinadas incontables especies de flora y fauna de la zona. Producto del incendio se generó una gigantesca nube de humo y ceniza, por lo cual se recomendó a las poblaciones aledañas limitar al máximo las actividades en exteriores para precautelar su salud ante la elevación del índice de contaminación ambiental. Varios voluntarios además se sometieron a condiciones peligrosas y afectaron su salud.

Este desastre ambiental se debió, según versión de los bomberos, a “incendios provocados” tanto por la quema de sembríos realizada por agricultores, como por la quema de las madrigueras de conejos silvestres realizada por cazadores. En otras palabras, este desastre que ocasionó un sinfín de vulneraciones a los derechos de la naturaleza, afectaciones al derecho a la salud y medio ambiente sano de numerosas personas, que puso en peligro la vida de bomberos, militares y voluntarios, que además significó un elevadísimo costo para los recursos públicos, se debió a la irresponsabilidad e insensatez humana.

Si usted cree que este caso es el único en lo que va del año, le contamos que a escala nacional se han registrado ya 886 incendios que han consumido miles de hectáreas. Ante estos hechos creemos necesario plantear varias preguntas. 1) ¿Los GAD realmente se encuentran preparados para asumir este tipo de desastres ambientales que suceden masivamente en verano? 2) ¿Los culpables de comenzar los inicios son encontrados, juzgados y sentenciados? 3) ¿Existen en realidad campañas educativas y suficiente información para que la ciudadanía evite acciones que pueden generar incendios y además denuncie este tipo de actos delictivos?

En la gran mayoría de los casos, tristemente la respuesta a estas preguntas es negativa, son insuficientes los esfuerzos que se hacen por proteger la naturaleza, como insuficientes son los los recursos que se utilizan para precautelar el medio ambiente y controlar que no se cometan este tipo de actos delictivos. Es necesario tomarnos más en serio el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente, por ejemplo, comparemos la reacción desmedida del alcalde de Quito ofreciendo una recompensa absurda de 100.000 dólares por encontrar unos grafiteros, en comparación con su silencio respecto a encontrar a los culpables del incendio del cerro Atacazo.

EDITORIAL

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