El fracaso de la izquierda es el triunfo del fascismo y la ultraderecha

Jair Bolsonaro, el candidato ultraderechista, ganó las elecciones en el Brasil con una cómoda ventaja sobre el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad.

El exmilitar, a pesar de ser machista, racista, xenófobo, homofóbico, partidario de la dictadura, defensor de la tortura y del porte de armas alcanzó una votación gigantesca, superando por más de 10 millones de votos a su contendor.

¿Cómo lo logró? La mayoría de la gente que votó por Bolsonaro no es ninguna de esas cosas que mencionamos, ni respalda sus propuestas. Y sin embargo lo apoyó. Hubo muchas mujeres que votaron por el ex militar que por Haddad. Y muchos afro descendientes también. Y además muchas personas homosexuales. Esto a pesar de todo lo indicado y de haber recibido el infame, pero merecido “título” de ser el“peor legislador de todo el mundo”.

El voto por Bolsonaro fue un voto “anti sistema”, “anti izquierda” y “anti corrupción”, un voto de rechazo. Sus electores no le dieron su voto por las cosas detestables que promete sino a pesar de ello. Doce años de gobiernos del Partido de los Trabajadores significaron un desgaste político tremendo, sobre todo si se toma en cuenta que fueron más de una década plagada de corrupción. La izquierda brasileña ayudó
muchísimo a Bolsonaro, esto por su lamentable incapacidad de autocrítica, de superar las prácticas populistas de hacer política y de dejar de lado a figuras gobiernistas corruptas.

Los que criticaban a Lula o no estaban de acuerdo con el control partidista de la cúpula fueron silenciados o dejados de lado. El Partido de los Trabajadores y la izquierda del Brasil luego de tantos años en el gobierno perdieron la capacidad de comunicarse con el pueblo, con la clase media, con los trabajadores y les quitaron a las bases su capacidad de movilización desde abajo para imponerla una desde la dirigencia. Los
debates internos desaparecieron. El partido, que era de todos, pasó a tener un dueño.

Las dirigentes envejecieron, se enriquecieron y se olvidaron de dónde venían. Las prácticas democráticas desaparecieron del interior de la izquierda. La consecuencia del cúmulo de errores del Partido de los Trabajadores y de la izquierda brasileña ha sido el triunfo de un aspirante de fascista. El futuro del país es incierto. Los indudables avances sociales logrados durante los gobiernos de Lula y
Dilma, mediante el cual 30 millones de personas salieron de la pobreza, corren el riesgo de irse al traste.

No deberíamos ser indiferentes ante lo ocurrido en Brasil, la sociedad y en especial los partidos políticos podrían aprender mucho de los errores cometidos pues lo ocurrido en las recientes elecciones en Brasil podría replicarse en cualquiera de nuestros países
de Latinoamérica. Recordemos que no hace mucho nuestra región fue dominada con mano de hierro (y con muchísimas víctimas de por medio) por un conjunto de gobiernos de extrema derecha, autoritarios, antidemocráticos y que respondían a intereses económicos de las potencias extranjeras.

EDITORIAL

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