Paúl, Javier y Efraín

Contar la historia, mirar eso que espera ser silenciado y compartirlo. Movilizar conciencias, de los que tienen el poder y lo mal administran, pero también de los indiferentes. Retratar en imágenes, sonidos y palabras este yo colectivo, ese que no queremos ver, no vemos y no reconocemos. Estas pueden ser algunas motivaciones para hacer del periodismo y la comunicación nuestro lugar de vida y de trabajo.

El periodismo y la comunicación siempre están vecinos a los espacios de poder y si lo escudriñas quedas en una posición incómoda, si además ese poder es tenebroso es una boleta a la vulnerabilidad. Hasta ahí sabíamos en Ecuador.

Pero lo sucedido con Paúl, Efraín y Javier es parte de otra dimensión de esta historia donde la fragilidad de las personas que hacen un ejercicio periodístico se convirtió en la evidencia de un estado de sitio que latía en la frontera norte y una guerra inminente que nos ha sido declarada, en un conjunto de acciones que han ido en escalada.

Y este es el episodio que abre varias puertas, la de la indignación, la del miedo, y pone en cuestionamiento las acciones gubernamentales para enfrentar esta estrategia del terror y estas formas de operar de estructuras delincuenciales que mueven grandes capitales. Me niego a pensar en que la militar sea una solución. No puede ser una respuesta para un territorio y población en abandono, riesgo y disputa.

Es grave la situación del Estado ecuatoriano. Durante diez años la propaganda nos repitió que teníamos un Estado fuerte, tanto que hasta llegó a tener más derechos que las personas. El 16 de abril de 2016, con el terremoto de Pedernales esa imagen del Estado no alcanzó para atender de manera oportuna la zona, contamos por cientos los muertos y los estragos del evento todavía se sienten en el lugar.

En adelante, e incluso antes del cambio de gobierno, empezaron a desfilar las denuncias, los detenidos, los culpables y sentencias de una corrupción que salpica a todos los poderes. Se usó el Estado para robar, para abusar del poder y para defender la impunidad. Todo esto sucedió mientras el Estado desapareció de la frontera norte, o tal vez ahí nunca existió ahí.

¿Cuáles son las deudas del Estado ecuatoriano con la población de la frontera norte? ¿Cuándo y cómo se empezará a pagar? Solo con suficiente acceso a educación, salud, alimentación y trabajo se puede pensar en fronteras saludables.

¿Qué pasará con Esmeraldas donde su economía se basa en el turismo? Si nos gana el miedo ¿irán turistas? si no hay ingresos ¿qué alternativas le queda a esta población? ¿Cómo se garantiza la seguridad de la población civil con presencia militar? ¿Qué pasará con las mujeres, las niñas, los niños y adolescentes de esta parte del país?

El secuestro y muerte de los periodistas y conductor de diario El Comercio nos entristece profundamente e indigna todavía más. Pero no se puede dar espacio alguno al miedo. Como periodistas y comunicadores debemos seguir haciendo nuestro trabajo. Las instituciones y empresas de comunicación deben dar las garantías necesarias para realizar el ejercicio profesional, pero también y sobre el Estado debe hacerlo. Ser periodista no puede ser más un riesgo de muerte.

Como sociedad civil debemos fortalecer el tejido social, en contextos de violencia y de vulneración de los derechos humanos nos queda la solidaridad. Juntarnos es imperativo.

Recordamos la vida de Paúl, Efraín y Javier, abrazamos a sus familias, a las y los colegas. Nos faltan 3, con ellos se fue nuestra paz.

Por Paulina Ponce

Opinión

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