EDITORIAL

Dentro del atolladero

Mirador, el primer proyecto de gran minería a cielo abierto en el Ecuador inició sus
operaciones el pasado 18 de julio. Está ubicado en la cordillera del Cóndor, una zona de
gran biodiversidad. El proyecto a cargo de la empresa china ECSA, cuenta con 2400
trabajadores entre chinos y ecuatorianos y operará durante 25 años, en los cuales dicha
empresa se alzará con unos 25 mil millones de dólares y el Estado ecuatoriano solamente
recibirá unos 7,5 mil millones, es decir menos de la tercera parte que ECSA, apenas 250
millones por año. Ya de entrada el contrato es económicamente lesivo para el Estado, la
empresa se quedará con una enorme parte de los beneficios cuando apenas invirtió 1500
millones.

Si bien el contrato fue firmado por el gobierno de Correa, el régimen de Moreno, decidido a
impulsar la minería a cielo abierto a como dé lugar, “va porque va” dijo el ministro Carlos
Pérez, ha aceptado sin rechistar sus condiciones. Es más, los ingresos por la producción de
los proyectos mineros Mirador, Fruta del Norte y Loma Larga fueron puestos por el
gobierno como garantía por el préstamo de 4200 millones de dólares que está recibiendo
del Fondo Monetario Internacional. Sin tomar en cuenta que Loma Larga está en el cantón
Girón (Azuay), donde la población se expresó mayoritariamente en consulta popular contra
la minería a cielo abierto.

Desde años antes de que empiece la explotación los habitantes de la zona, indígenas shuar y
colonos, se oponían a la gran minería en la zona, conociendo los efectos nefastos que ha
tenido en otras regiones de Latinoamérica. No se realizó la consulta previa a los pobladores,
los habitantes fueron desalojados de sus casas y tierras por la fuerza, sus viviendas fueron
destruidas. El agua que consumen ellos y su ganado ya está siendo contaminada. El

principal dirigente antiminero de la zona, José Tendentza, fue asesinado en el 2014. Cinco
años después el crimen sigue impune.

La minería a cielo abierto es la actividad humana más depredadora del medio ambiente por
los inmensos impactos ambientales, visuales, humanos y culturales que produce. Daña la
superficie de la tierra por la gran cantidad de desechos que genera, contamina el aire por el
polvillo tóxico que se produce, contamina los ríos y fuentes de agua por los químicos
usados en el proceso de producción como el mercurio, el cianuro y el ácido sulfúrico,
sustancias altamente tóxicas, daña los acuíferos subterráneos y crea enormes cráteres que
pueden llegar a tener varios kilómetros cuadrados de extensión. Por la destrucción del
medio ambiente, desaparecen la flora y la fauna.

Por todo ello, en 2010 Costa Rica decidió ser un territorio libre de minería a cielo abierto.
Mientras que aquí, en el país del buen vivir, en una desesperada búsqueda de recursos el
gobierno de Moreno piensa que será la fuente de ingresos para sacar al país del atolladero
económico en que le dejó Rafael Correa y en que el actual presidente nos arrastra todavía
mucho más.