EDITORIAL

Basta de violencia machista

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tiene lugar el Paro Internacional de Mujeres (PIM) contra la violencia machista. La iniciativa, en la que participan mujeres de numerosos países de los cinco continentes, convoca a manifestaciones y llama a suspender sus actividades laborales en esa fecha para demostrar que las demandas de las mujeres frente a la violencia machista son urgentes, mientras que la pasividad de los estados las deja desprotegidas. Las manifestantes también protestan contra la situación de desigualdad, y a menudo de exclusión en que se hallan las mujeres en relación con los derechos al trabajo, a la educación, a igualdad en el hogar y en el trabajo.
El Ecuador no es ajeno a la realidad de violencia global contra las mujeres. Las cifras son alarmantes: el feminicidio en el país cobró la vida de 105 mujeres en el 2015, 136 en el 2016 y en un mes y medio del 2017, 19 mujeres han sido asesinadas por su condición de género, lo que evidencia el rotundo fracaso del plan de erradicación de la violencia de género del gobierno.
La impunidad en este tipo de crimen a nivel nacional alcanza un aberrante y vergonzoso 98%. Por otra parte, 6 de cada 10 ecuatorianas sufre algún tipo de violencia. La violencia de género es un problema social y no un asunto privado, como dijo sin ningún empacho el director de un medio de comunicación del gobierno, quien le dio una brutal paliza a su pareja, además de agredirla verbal y psicológicamente. Por cierto, a este individuo le dieron vacaciones y hasta la fecha no ha sido juzgado.
La situación de discriminación e injusticia contra las mujeres también se manifiesta en el área laboral. En el país, las mujeres ganan en promedio 25% menos que los hombres y aún existen muchos trabajos y profesiones en que la presencia de mujeres es notablemente minoritaria, entre otras razones por los prejuicios y estereotipos masculinos. El porcentaje de mujeres con empleos inadecuados se ha mantenido en un nivel constante del 58% entre 2008 y 2016, es decir no ha habido ningún avance en este aspecto durante el gobierno de Correa.
En Ecuador se requiere de manera urgente la despenalización del aborto, cero impunidad para el feminicidio, reformas legales para registrar la violencia de género, reducción de la pobreza femenina. Para lograr todo esto es indispensable que se creen políticas públicas eficientes y también valientes, que superen viejos prejuicios machistas y moralistas.

La educación debería también ser primordial para ayudar a erradicar prejuicios machistas, no solo en la escuela y el colegio sino también en el hogar, ya que continúa siendo común la transmisión de valores de tinte patriarcal en el núcleo familiar.
Cabe rescatar los valientes esfuerzos de las mujeres por sacar a la luz la violencia como un tema de derechos humanos y como un asunto de responsabilidad pública.

EDITORIAL

¡Menos flores, más derechos! Primera Parte

Esta frase cobra vigencia cada 8 de marzo ¡y con razón! El día de la mujer es una fecha para recordar que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres persiste y falta mucho por recorrer, no para decir frases cursis y vacías que solo perpetúan la subordinación de las mujeres.

Así que he aquí un par de mensajes para el 8 de marzo:

-Queridos jefes: en vez de dar ese ramo de flores a sus colaboradoras en el trabajo, denles ese aumento salarial tan pedido, o el ascenso tan luchado y bien merecido.

-Queridos profesores: no acosen a sus estudiantes mujeres y déjenlas expresarse en las aulas, sus opiniones son muy valiosas.

-Queridos novios: a cambio de esas rosas anuales, dejen de celarlas y empiece a respetarlas.

-Querido esposo: mejor que esos claveles es la repartición de las tareas del hogar.

Vale recalcar que la lucha por la igualdad de género está también en los espacios privados, así que no solo se trata de una cuestión de políticas públicas, de códigos penales más severos, ni de leyes muy bien redactadas; hay que empezar por no perpetuar en casa un doble estándar con nuestras niñas.

Pues mientras a ellas les impedimos salir con chicos, les exigimos comportarse bien a toda costa, les obligamos a soportar calladas injusticias en la casa y les enseñamos a soportar miradas y piropos, premiamos a nuestros hijos varones por ser mujeriegos, les alentamos a ser violentos, y elogiamos sus malos comportamientos en la casa y en la calle.
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EDITORIAL

El destino de las elecciones

 

En las elecciones del 19 de Febrero se juega el destino del país en condiciones muy especiales ya que el gobierno de Correa ha sido una de los más largos de la historia y los electores deberán decidir entre el continuismo, representado por Lenin Moreno o realizar un cambio de rumbo hacia un gobierno de signo distinto. Al cabo de 10 años, el gobierno de la autodenominada “Revolución Ciudadana” deja una economía en crisis con ya dos años seguidos de decrecimiento, una deuda externa enorme, una concentración inaudita de poderes en una sola persona, la institucionalidad democrática destruida, la protesta social criminalizada y perseguida, los movimientos sociales divididos y debilitados, la sociedad amedrentada, los derechos humanos de muchas personas e instituciones violentados, la oposición insultada y menospreciada y la corrupción en el máximo nivel histórico. Lo que el gobierno de la Revolución Ciudadana ha denominado la “década ganada” más bien podría llamarse “la década desperdiciada”. Ningún gobierno en la historia del Ecuador contó con los recursos que dispuso el gobierno de Correa. Algo así como 300 mil millones de dólares en 10 años, cantidad similar a la que los gobiernos anteriores contaron a lo largo de 30 años. No significa que con todo lo que hubo se hubiera podido sacar al Ecuador del subdesarrollo pero sí enrumbarlo adecuadamente en ese camino. No se puede negar las numerosas obras de infraestructura que ha realizado el gobierno como carreteras, colegios, hospitales y centrales hidroeléctricas pero no todas son indispensables, varias son sobredimensionadas y por sí solas, sirven para resolver solo en parte los problemas. Por ejemplo, la construcción de infraestructura escolar no ha significado una mejora en el nivel educativo, que por el contrario, ha empeorado. Sin embargo, el despilfarro en obras a menudos innecesarias ha sido una constante durante el gobierno de Correa y en la creación de una nueva burocracia de cerca de 200 000 empleados de nuevos ministerios, ministerios coordinadores, subsecretarías, direcciones, organismos para controlar y espiar a la sociedad y hasta una secretaría de Buen Vivir, se traduce en un país en una profunda crisis económica, donde el gobierno no se preocupó de ahorrar para los tiempos de vacas flacas sino de gastar a manos llenas y cuando ya se la acabaron sus recursos, no dudó en endeudarse en condiciones lescivas para el país ni en entregar campos petroleros maduros a precio de gallina robada. En este contexto, el candidato oficialista, tratando de diferenciarse de Correa, aparece como una caricatura de la madre Teresa. Los demás candidatos también tienen lo suyo: Lasso, además de pertenecer al oscurantista grupo del Opus Dei, fue superministro de economía del gobierno de Mahuad, responsable del feriado bancario y de la consecuente y terrible crisis económica que expulsó del país a millones de compatriotas y que pulverizó los ahorros de cientos de miles. Cynthia Viteri, del partido Socialcristiano, brazo derecho de Jaime Nebot y de León Febres Cordero, en cuyo gobierno se cometieron crímenes de lesa humanidad, el costo de la vida subió enormemente y se privatizaron servicios públicos y la pésima situación económica generada en su gobierno hizo que perdiera el plebiscito que convocó por tras a uno. Paco Moncayo, candidato de la Izquierda Democrática, coideario de Rodrigo Borja, en cuyo gobierno se comprimieron como nunca los salarios. Por eso es necesario que el voto sea analizado y razonado, no debe ser emocional, no debe estar basado en el carisma del candidato ni determinado por el baratillo de ofertas demagógicas o influenciado por encuestas que muchas veces no aciertan los resultados o que responden a los intereses de las candidaturas que las contratan. Es el futuro de los ecuatorianos lo que está en juego.

EDITORIAL

La cajita empolvada. Los derechos sociales o del buen vivir

De cara al proceso electoral de este 19 de febrero la oficina del Registro Civil de Cada cuatro años las personas que lanzan sus candidaturas a cargos de elección popular, van hacía sus archivadores o armarios y sacan una pequeña cajita empolvada, que tiene el rótulo: “Usar en tiempos de campaña y guardar luego de la elección”.
Esta cajita, queridos y queridas oyentes, contiene muchas de nuestras aspiraciones y promesas de vivir mejor que los tratados internacionales, la Constitución y las leyes han recogido desde las últimas décadas para nosotros, pero que tristemente solo se han convertido en parte de la estrategia electoral de unos cuantos.
Sepan ustedes que derechos como el empleo remunerado, la educación, la salud, la vivienda, la protección social, el acceso a la cultura, un ambiente sano, el agua, la alimentación y la soberanía alimentaria nos pertenecen a todos y deben realizarse, no son solo parte de una bonita retórica electoral.
Nos debemos espabilar y dejar de pensar que se trata de regalitos o dádivas caritativas. Por eso tenemos que escoger con mucho cuidado por quién votar, pues cuando hablamos de derechos sociales o del buen vivir no se trata solo de “dar muchas casas” o “crear muchos empleos”.
Se trata de que no nos boten de nuestro terruño, que no nos ensucien el medio ambiente, que no nos paguen una miseria por “dizque súper-empleos por horas”, que podamos ir a la escuela y a la universidad, que podamos ir al médico cuando nos enfermemos, que tengamos lo suficiente para vivir, y sobre todo, que no nos endulcen el oído ahora y luego nos callen encarcelándonos cuando nos quejemos de que algo no está bien.
Y por cierto escojamos a alguien que en cuanto a propuestas al menos sepa fundamentar o justificar su ofrecimiento con algo más que su mera palabra.